lunes, 7 de abril de 2008

¿Perdonar es divino?

El genio Cerati lo decía en su canción, y recordé este estupendo poema de Carlos Rivas Larrauri donde se habla de esa fuerza que compone a hebras el cariño y que puede romper cualquier prejuicio, vencer cualquier orgullo. Es una joyita... verdá de Dios...

PD: La pintura es de Antonio Mártínez Guzmán, tan arandense, excéntrico y revolucionado, como yo.

PUÉ QUE ME RAJARA



(Carlos Rivas Larrauri)


¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco!

¡Antes qu'ir a verla... primero me matan!

Pa mi, como muerta;

a mí no m'importa qu'esté güena o mala;

yo no tenga culpa

de lo que le pasa...

Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,

no güelvas a hablarme d'esa desgraciada;

ni quero oir su nombre,

ni quero ya d'ella saber ni palabra...

Tú sabes, mi hermano, que yo la quería

con todita mi alma;

harto a ti te costa qui a naide en el mundo,

crioque ni a mi madre, ni a mi madre santa

he querido tanto

como áquella ingrata!...

¿Pa quién trabajando me pasaba el día?...

¿Pa quién era todo lo que yo ganaba?...

¿Pa quién mi cariño?

¿Pa quién mi costancia?...

Y aluego... ¿pa qué? Dimpués di todo eso,

ya vites, manito, cómo jué la paga...

Dendi antes, muncho antes

qu'ella se largara,

yo vide clarito que ya mi cariño

no le daba di ala;

yo vide clarito qu'estaba a desgusto;

ya no era la mesma mujer de su casa;

ya era sólo el lujo

lo que le cuadraba...

Y como soy probe,

y pa ella era poco lo que yo ganaba,

no quiso la endina seguir siendo güena,

no quiso la endina seguir siendo honrada,

s'echó pa la calle... se tiró a la vida...

y jué una de tantas...

Y ora que han pasado

dos años di qui anda

rodando y rodando mesmamente como

si juera una hilacha;

ora qu'está probe;

ora qu'está mala;

ora que no tiene quíen se ocupe d'ella,

ni quíen se priocupe de lo que le pasa;

ora que ricuerda que cuando era güena

nada le faltaba,

ora es cuando quere que yo la perdone

y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas!

¡Antes qu'ir a verla...

primero me matan!

Pero... oye, manito... aguárdati un pelo;

hazme una valona antes que te vayas:

di ai sobre la mesa agarra esos jierros,

son los de mi raya...

Llévaselos todos... llévaselos luego...

¡no vaya a ser cosa de que li hagan falta...!

Pero eso sí; júrame que no has de decirle

de mí una palabra...

No quero que sepa que mi ocupo d'ella...

No quero que sepa ni quien se los manda,

porque si si alivia, pué ser que algún día,

la muy atascada,

si alcanzara el punto de venir a verme

pa darme las gracias...

Y si viene a verme y en sus ojos prietos

~más prietos que su alma~,

deviso que bulle

siquera una lágrima...

pué que me ricuerde de cuando la quise

con todita mi alma;

pué que me ricuerde que sólo vivía

resollando el aigre qu'ella resollaba;

pué ser que de nuevo

me buiga esta cháchara,

y manque he jurado que nada ni naide,

por nada del mundo, mi hará perdonarla,

si ansina sucede... si ansina ricuerdo...

si miro en sus ojos siquera una lágrima...

antonces, mi cuate... ¿pa qué he d'engañarte?

¡Manque soy muy hombre... pué que me rajara!.

.

viernes, 4 de abril de 2008

Toda una historia de amor tipo Bollywood

Esta columna se publicó en el Grupo Reforma el día de hoy y es una muy amena anécdota sobre el amor, las casualidades y la globalización, se las recomiendo ampliamente. Villoro: eres un maestrazo.



Romance en la India Por Juan Villoro

"No soy Devadip, pero soy de Autlán". La frase resultó suficientemente rara para que Bety escuchara lo que seguía: Devadip era el nombre espiritual de Carlos Santana, oriundo de Autlán, Jalisco

La globalización produce cambios de identidad que afectan la forma en que la gente se enamora. Acabo de compartir un tren con un pasajero que me contó un romance digno de estos tiempos.

Viajamos de Barcelona a Alicante. A unos asientos de nosotros un perturbado gritaba por celular dramas agropecuarios. Mi vecino y yo entablamos conversación para contrarrestar la cháchara donde estallaban palabras como "porcino" y "fiambre", referidas a un comerciante de la competencia.

Resultó que el viajero de junto y yo éramos mexicanos, y sobrevino esa complicidad que sólo ocurre lejos de la patria. El paisano (a quien llamaré Edgar) me confió algo que en México hubiera ameritado 10 tequilas: estaba muy enamorado. No es común que alguien del país de José Alfredo se abra ese modo, al menos no antes de describir los atributos rigurosamente externos de su amada. Sorprendido por ese brote de interioridad, le pedí el cuento completo.

"Soy de Autlán, Jalisco", informó. Su origen tenía que ver con lo que había pasado, pero yo tardaría en saberlo. Como Edgar no acostumbra contar historias, saltó de modo abrupto al presente, donde ofrece "ventanas de oportunidades". Para alguien ajeno a la economía, ciertas expresiones suenan esotéricas. No le pedí que se explayara porque temí que tuviera la amabilidad de responderme. Me bastó saber que operaba en una zona elevada de las finanzas, donde hay ventanas por las que unos se suicidan y otras (las de oportunidades) que se abren a paisajes increíbles.

Aunque la mayoría de las transferencias se hacen por computadora, los diplomáticos del dinero recorren el mundo para garantizar la parte humana de las transacciones.

Edgar parecía suficientemente afable para poner buena cara ante un desfalco. No era extraño que tuviera éxito en su giro de trabajo, que yo aventuro como un incierto sistema de creencias donde los dioses se devalúan y cambian de divisa.

Por fin me contó de su flechazo, que de acuerdo con los tiempos fue telefónico. Edgar llamó a una aerolínea para reservar un boleto y una voz fantástica se presentó como Nancy. Luego de los trámites de rigor, él se animó a preguntar otras cosas. Nancy era de Florida y vivía a unas cuantas millas de la universidad donde Edgar estudió finanzas y cortejó a una porrista del equipo de futbol americano. Hablaron de la región y sus mosquitos. Edgar colgó con la sensación de haber perdido la oportunidad de su vida.

Pero la rueda del cosmos se movió en su favor. En la siguiente ocasión en que reservó un boleto fue atendido por Nancy. La señal de la diosa Fortuna era tan clara que él se animó a hablar hasta de los pantanos de Florida. Iniciaron así una relación telefónica que subió de intensidad hasta que, varios meses después, llegó una amarga revelación: Nancy no era una nueva versión de la porrista que él codició en sus tiempos universitarios. Se llamaba Kali y vivía en la India. La empresa le había asignado una falsa identidad para que los clientes se sintieran tratados por una típica estadounidense. Había recibido un curso para pulir su acento y datos para hablar de Florida como una lugareña. Ganaba un sueldo de hambre y no había salido de la India. "Lo siento", dijo en forma desoladora.

Según me explicó Edgar, cada vez es más común que los negocios estén deslocalizados. Al hablar a una empresa con sede en Europa, responde alguien desde un país del tercer mundo. Sin embargo, el cliente debe sentir que es atendido en Londres o Nueva York. Edgar se avergonzó de haberse enamorado de un prejuicio, pero no pudo traicionar sus emociones. A pesar de su nombre de diosa, Kali no era para él.

Curiosamente, esa experiencia lo llevó a un curso de meditación, clases de yoga y una dieta rica en yogures y tés aromáticos.

Estaba parado de cabeza cuando una mujer le habló con voz de sítara: "¡Devadip!". Aún en su posición invertida, Edgar juzgó que aquella mujer era bellísima. Se incorporó pero no tuvo tiempo de presentarse. "Devadip, soy yo. ¿Tú eres Bety?", dijo un pelirrojo. La chica, en efecto, era Bety y puso la cara de quien encuentra una molestia materialista entre las alfombras del espíritu.

El pelirrojo era un gurú telefónico. La mejor amiga de Bety le había recomendado una hotline donde sale baratísimo perder el karma negativo. Durante meses, Bety recibió acertados consejos de Devadip. Llegó un momento en que quiso conocer al hombre que la había llevado a un plano superior. En forma apropiada, él la citó en un centro donde impartía un curso de arte tántrico. Al entrar, ella vio a un apuesto indio de cabeza. Ese elástico espécimen no era su anhelado gurú sino Edgar, el ejecutivo que abre ventanas de oportunidades.

Bety odió que el maestro que le respondía por teléfono con acento del Punjab fuera un pelirrojo de la colonia Narvarte. Salió de ahí sin creer en la reencarnación.

Edgar la siguió a la salida, donde tuvo una inspiración cósmica: "No soy Devadip, pero soy de Autlán". La frase resultó suficientemente rara para que Bety escuchara lo que seguía: Devadip era el nombre espiritual de Carlos Santana, oriundo de Autlán, Jalisco.

Edgar se decepcionó de que su amada fuera de la India y Bety se decepcionó de que su amado no fuera de la India. El destino no siempre es ortodoxo: ellos estaban predestinados.

Vi a mi compañero de asiento. Con una camisa naranja parecería un actor de Bombay. Me mostró una foto de Bety: la perfecta Miss Florida.

En un mundo ideal, el pelirrojo habría viajado a la India para casarse con Kali, pero la cuota de sufrimiento es enorme y ellos sólo sabrán que están predestinados si leen este relato.

El hombre de las crisis porcinas se había dormido. La vida parecía agradable.

"¿Has leído el Rig Veda?", me preguntó Edgar.

"¿Es una ventana de oportunidades?", pregunté.

Edgar sonrió como un gurú globalizado: "puedes salir de la realidad, pero no de la India".

jueves, 3 de abril de 2008

¡Oiiiiiii nomás!


Afirman que el buen sexo es rápido
Los resultados del estudio, realizado en Estados Unidos y Canadá podrán evitar decepciones y disfunciones sexuales
Por Grupo Reforma
Ciudad de México (2 abril 2008).- Al contrario de lo que se piensa, o de lo que se fantasea, un acto sexual satisfactorio para una pareja debe durar entre 3 y 13 minutos, sostiene una investigación realizada en Estados Unidos.

Un grupo de científicos de la Universidad de Penn State, en Pensilvania, hicieron una encuesta con miembros estadounidenses y canadienses de la Sociedad de Investigación y Terapia Sexual. Los resultados se publicaron en el Journal of Sexual Medicine (Revista de Medicina Sexual), reporta el sitio electrónico de la BBC.

Los participantes incluían psicólogos, médicos, trabajadores sociales, terapeutas familiares y matrimoniales y enfermeras que habían recogido datos de miles de pacientes durante varias décadas.

Se preguntó a los encuestados el promedio de tiempo que debe durar un acto sexual, desde la penetración del pene a la vagina hasta la eyaculación.

Y se les pidió calificar lo que consideraban "adecuado", "deseable", "demasiado corto", o "demasiado largo".

La encuesta mostró que un acto sexual "adecuado" duraba de 3 a 7 minutos, uno "deseable" de 7 a 13 minutos, uno "demasiado corto" de 1 a 2 minutos y uno "demasiado largo" de 10 a 30 minutos.

"La interpretación de un hombre o una mujer de su funcionamiento sexual y el de su pareja está fundada en creencias personales basadas en parte en los mensajes de la sociedad" afirman los investigadores. Desafortunadamente la cultura popular actual refuerza muchos estereotipos sobre la actividad sexual", explican las conclusiones.

"Y muchos hombres y mujeres parecen creer en la fantasía del acto sexual que dura toda la noche", agregan los autores, quienes intentan "disipar dichas fantasías y alentar a hombres y mujeres con datos reales sobre lo que es un acto sexual aceptable". De esta forma, afirman, se podrán evitar decepciones y disfunciones sexuales.

Los expertos subrayan que estos resultados también tienen implicaciones para el tratamiento de la gente que padece problemas sexuales.

Muchas personas que están preocupadas porque creen que no pueden alcanzar la duración "ideal" de un acto sexual quizás piensan que padecen algún trastorno físico.

Pero tal como lo demuestra este estudio, es probable que estas personas se beneficien más recibiendo una terapia psicológica que tomando medicinas para lograr una ejecución sexual que se ajuste a ese "ideal".

PD: Pos lo prefiero malecho-rendidor

lunes, 31 de marzo de 2008

Sucede hasta en las mejores familias

Lo que leerán ustedes a continuación representa para los lectores una extraordinaria cachetada con guante blanco y para los implicados, el encuere trágico del plagio, si ya es muy malo que un periodista se fusile los contenidos sin dar los respectivos créditos, peor es que lo agarren en la matada y le pongan tremenda exhibida cuyo morbo ve aumentado el respetable si la acusada es famosa.

El señor Hernán Casciari es un estupendo crítico de televisión a quien acabo de conocer por medio de sus escritos en El País y cuyo blog Espoiler, es simplemente maravilloso para quienes somos adictos a las series de buena manufactura, que son como nuestras telenovelas y que vemos con la misma devoción como lo hacían o hacen nuestras madres, sólo que sin tejer y sin chillar (a veces).

Un día, a Chuck Palahniuk, autor del Club de la Pelea, y que es uno de los autores más bizarros y adictivos de la actualidad, lo pusieron como lazo de cochino al criticarle un libro con muy, pero muy mala leche. Tanto lo han de haber hecho enojar que contestó a su crítica, le dijo que le encantaría leer su más reciente libro, lástima que ella no escribiera novelas, y que recordara que en su tiempo hubo otros críticos que se perdieron en el anonimato, que ningunearon a autores como Fitzgerald. A mí me pareció una exageración y por supuesto que Palahniuk no es ni remotamente comparable al autor del Gran Gatsby, pero cuando me encontré este post de Casciari, recordé que todo lo que escribimos queda apuntado en alguna parte y tarde o temprano a alguien se le va a regresar la pedrada, ya sea como parodia o como apunte intelectual.

Esto para mi, es una lección de periodismo... La gran pregunta es si la reconocida Rosa Montero no hizo lo que hizo de manera irónica. Si es así, faltó por lo menos dar créditos. ¿homenaje o ventilada a la familia?




La abuelita de Rosa Montero

Ayer apareció, en la contraportada de El País, un texto de Rosa Montero en el que la escritora arremete contra la serie Dexter. ¡Blasfema!

Ayer apareció, en la contraportada de este periódico, un texto de Rosa Montero llamado "Sadismo", en el que la escritora arremete contra la serie de televisión Dexter, culpándola, entre otras cosas, de provocar la agresividad y el sadismo gratuito entre los grandes y los chicos.

La escritora escribe con soltura sobre una obra de ficción de la que, confiesa, sólo ha visto unos minutos porque le resultó "repugnante". Pero no quiero seguir explicando sus palabras, es imprescindible la lectura completa del texto, que no tiene desperdicio:

Sadismo

por Rosa Montero
(El País, 11 de diciembre de 2007)

Llega una nueva serie de televisión que ya estaba en el cable. Rizando el rizo de la venta al por mayor de la violencia, el protagonista es un psicópata encantador, un sádico simpático que busca la complicidad del espectador.

Para endulzar la despampanante orgía de sangre, atrocidades perversas y refinada saña, este agradable asesino en serie sólo mata a los malos, es decir, a aquellos que a su vez son asesinos. Por cierto que no acaba con ellos por hacer justicia, sino porque disfruta haciendo sufrir. Ya digo que es un sádico. No pude terminar de ver ni siquiera un capítulo, así de repugnante es el producto.

Según un informe del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, los niños españoles pasan frente al televisor 930 horas al año, por 900 que están en el colegio. Cada hora ven entre cinco y diez actos violentos, y está demostrado que cuanta más violencia televisiva han visto, más agresivos son a los dieciocho. Se me ocurre que este nuevo carnicero dejará su huella en grandes y chicos.

En los años setenta, las películas que ofrecían dosis masivas de violencia bajo la tenue justificación de un justiciero solitario que mataba malos, como Harry el Sucio, eran consideradas reaccionarias. Hoy, en cambio, se diría que el sadismo está de moda, con el agravante de que ahora las carnicerías son infinitamente más perversas y realistas. Hoy Quentin Tarantino saca en primer plano cómo torturan a un tipo rebanándole la oreja lentamente y a todos los modernos les parece la bomba. Y lo mismo sucede con este nuevo héroe televisivo cruel y morboso: qué guay, un matarife psicopático. Diversión a tope.

Explotar el sadismo para obtener más share se considera de lo más normal, forma parte de ese fofo "vale todo" en el que vivimos. A mí, sin embargo, me repele: debo ser una antigua.

Mi idea inicial fue debatir, en estas páginas, la enorme cantidad de boludeces que escribe Rosa Montero en su columna, pero sin embargo me llegó, a tiempo, un documento que la exonera de toda culpa. El problema de Rosa Montero no es su incapacidad de comprender la ficción televisiva.

Ella no es, como el resto de los intelectuales quisquillosos, una especie culta que desprecia toda la tele sin excepción. No es de las que pueden hacer una crítica certera viendo sólo cinco minutos de una obra. No. Lo que tiene Rosa (casi igual que Dexter Morgan) es un problema con su pasado.

Publico aquí, en exclusiva, una columna aparecida el 11 de diciembre de 1917 en el periódico La Vanguardia. La escribe Rosa Montero, la abuelita de la actual Rosa Montero.

Sadismo

por Rosa Montero
(La Vanguardia, 11 de diciembre de 1917)

Llega un nuevo folletín a mi biblioteca, que fue publicado en doce episodios por la revista rusa El Mensajero, hace ya cuarenta años, con el nombre de Преступление и наказание (aquí, creo, la llamarán Crimen y Castigo y aparecerá en forma de libro a principios de marzo de 1918). Rizando el rizo de la venta al por mayor de la violencia, el protagonista es un muchacho encantador, un asesino sádico la mar de simpático, llamado Raskolnikov, que busca la complicidad del lector. Una complicidad inaceptable.

Para endulzar la orgía de muertes, atrocidades perversas y refinada saña, este agradable asesino sólo mata ancianas, es decir, seres desvalidos que no le hacen mal a nadie. Por cierto que no acaba con ellas para hacer justicia, sino porque desea saber si es posible matar sin razón, sin dejar huella, y cometer de este modo el crimen perfecto. ¡Ya digo, es un sádico! No pude terminar de leer ni siquiera las primeras páginas, así de repugnante es el libro.

Según un informe del Centro Reina Victoria para el Estudio de la Violencia, los niños y jóvenes españoles consumen esta mal llamada 'nueva literatura' unas 930 horas al año, por 900 que están en el colegio. Cada hora son cómplices de entre cinco y diez escenas literarias violentas, y está demostrado que cuanta más violencia han leído, más agresivos son a los veintidós años. Se me ocurre que este nuevo asesino ruso dejará su huella en grandes y pequeños.

En 1840 apareció un libro que ofrecía dosis masivas de violencia bajo la tenue justificación de un gorila solitario que mataba gente. La novelita se llamó Los Crímenes de la calle Morgue, del ya olvidado escritorcito borracho Allan Poe, y fue considerada por mi madre (columnista de opinión también) una obra espantosa. Hoy, en cambio, se diría que el sadismo está de moda, con el agravante de que ahora los asesinatos no son ejecutados por primates, ni por chimpancés, sino por supuestos hombres decentes como el impresentable Raskolnikov.

En la actualidad de este flamante siglo XX, Howard P. Lovecraft ha escrito sin escrúpulos el asqueroso libro El caso de Charles Dexter Ward, la historia de un hombre degradado física y psicológicamente por su familia, que acaba (¡cómo no!) provocando un baño de sangre. Y lo mismo sucede con este flamante héroe ruso del tal Dostoyevski, este funcionario cruel y morboso llamado Raskolnikov: qué alegría, un soviético psicopáta. Diversión a troche y moche.

Explotar el sadismo para obtener más ventas literarias se considera de lo más normal, forma parte de ese fofo vale todo en el que vivimos en este nuevo siglo XX tan extraño. A mí, sin embargo, me repele: debo ser demasiado moderna.

Ojalá un día llegue la famosa televisión y se acaben todas estas porquerías literarias.

domingo, 30 de marzo de 2008

Cuentazo

Hay cuentos monumentales que abarcan unas cuantas líneas. Este es uno de ellos, se llama Armisticio y le pertenece a Juan José Arreola. ¡Esto es poesía, señores!

(Además de una estrategia muy interesante para tirar el arpa)




Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: se alquila un paraíso en ruinas.

viernes, 29 de febrero de 2008

A Kramer le queda corto Norman Bates

Sobran los desquehacerados en este mundo, muchos hay ya que no tienen otra ocupación mejor que estar alimentando blogs, ups, sorry y ver cómo le sacan provecho al maravilloso ingenio que proviene del culto al ocio.

De unos meses para acá pululan los fake trailers: cortos de películas y series que con base en una buena edición y musicalización dan una vuelta y media de tuerca a las tramas originales. Así podemos saber que en realidad Mary Poppins es una sicópata y que las caricaturas de Disney no son en realidad como las vemos.

Pero este fake que me encontré de Seinfeld de verdad no tiene madre. Mi serie favorita convertida en todo un drama de serial killers con un personaje más siniestro que el barbero tasajeador que encarnó Johnny Depp, así es, en este fake, el mal encarna en Kramer.

Lo que sea de cada quién, pinche Cosmo que buenos momentos nos dio en esa maravillosa Sitcom.

Espero que lo disfruten



Y aquí les dejo otro fake trailer buenísimo de la afamada película de Stanley kubrick en adaptación de un libro de Stephen King: El resplandor. Quién iba a creer que lo que en realidad quería Jack Nicholson era un acercamiento entre padre e hijo y no convertir a su familia en sabrosos cortes finos con un hacha mellada

martes, 26 de febrero de 2008

Pericazos interplanetarios

¡Lo que nos faltaba! el narcocorrido ya no sólo derrotó fronteras, sino mundos completos para llevar por todo el universo el culto al pericazo interestelar.

La verdad es que este canción entonada por un tal Julio Palma, está re botana. El ingenio para homenajear al fino arte de empolvarse las narices no tiene fin. Hay de vuelos a vuelos, pero nunca había escuchado una canción donde los protagonistas dejen a los astronautas como simples voladores de Papantla.

lunes, 25 de febrero de 2008

¿Querías agua?


Este pequeño relato no vio la luz editorial dizque por falta de espacio. Ni modo.

Estando yo de mitotero haciendo un reportaje sobre el Parque San Jacinto, un espacio al que le metieron 15 millones de pesos y ya dejaron como lazo de cochino, escuché un alboroto y la corredera de los metiches que a todos lados donde no los llaman, van.

Como buen copycat, pegué carrera a ver qué pasaba..


Esta es la historia.


"¡Ay,ay,ay!", pegó el grito Josué cuando bomberos de Guadalajara le dieron un pequeño estirón al rollizo cuerpo del niño, que tenía el pie derecho atorado en una coladera del espejo de agua del Parque San Jacinto.
Quince minutos tenía ya Josué Israel Sánchez Ruiz con la extremidad trabada en el desagüe cuando llegaron los elementos de Protección Civil para ayudarlo ante la mirada de decenas de curiosos que entre risa y risa le tomaban fotos con sus celulares al chiquillo que tuvo la mala fortuna de "meter la pata" de fea manera cuando entró al estanque para mitigar el calorón de la tarde.
Los elementos de protección civil tenían que trabajar a ciegas, ya que el agua verdosa no dejaba ver ni agujero, ni pie atorado.
El estanque del parque ubicado por Javier Mina en la Colonia San Andrés, lucía a las dos de la tarde como cualquier chapoteadero de balneario en fin de semana.
"Ándele cabrón sígase metiendo, ¿querías agua?" se burló un testigo de la escena mientras los bomberos definían la estrategia: entre varios levantar al niño de "cantarito" mientras otro trataba de sacar la pierna.
A la cuenta de tres, levantaron a Josué, que luego del "¡Ay,ay,ay! inicial, se sonrojó y "sufrió en silencio". Después de revisarlo se comprobó que el menor no tenía nada más allá de un par de raspones en las rodillas y él se fue a su casa acompañado de sus amigos. El calorón, ya ni lo sintió.

sábado, 9 de febrero de 2008

El Hombre Araña ya no es lo que era...

También a los superhéroes les pega la edad, jejeje.


¿Se acuerdan del Nintendo?

Los que ahora somos treintañeros recordamos las divertidas que nos pegábamos jugando con una consola que por esos años ofrecía unos gráficos increíbles, el Nintendo era la onda, aunque ahora su resolución parezca de dibujos hechos en kínder en comparación con las nuevas ofertas de videojuegos.

El Donkey Kong era uno de los clásicazos. El chiste era brincar barriles para rescatar a una mona de las manos de chico changote. Este hilarante video muestra como no es tan fácil hacerlo en realidad y que las dotes atléticas del chaparrito bigotón, Mario, eran poco valoradas. Que se diviertan.