viernes, 18 de julio de 2008
Qué pasito duranguense ni que las hilachas!
¡Quien no quiera saltar a la pista de baile es una gallina culeca!
domingo, 22 de junio de 2008
¡Qué bonita Familia!
La fotografía siguiente representa a:
a) Hugo, Paco y Luis
b) Los hermanos Marx
c) Los tres chiflados
d) Historia de la belleza masculina en tres capítulos
e) Los tres García versión Torres
f) La tercia de los ¡Rudos!
O de plano, como dijo Sergio: "dale gracias a Dios que tus sobrinos no se parecen a ti".
Les presento a mi sobrino Emiliano y sus 9 kilogramos de puro Rock' Roll:
jueves, 19 de junio de 2008
Buen gusto cibernético
Compro Soho por los buenos artículos (los mujerones que enseñan sus muy apetecibles miserias se agradecen como bonus tracks), así que para mantener mi credibilidad intacta les paso este artículo espléndido que apareció en su edición número 90.
El objetivo es simple, demostrar que uno no tiene porque perder la compostura ni las buenas maneras avasallado por la tecnología. Espero nadie se vea reflejado en este ensayo, (¡qué horror!) y si lo están, por lo menos dedíquense una sonrisa cómplice.
Nuevo protocolo para usar tecnología
Por: ANDRÉS RESTREPO
Los nuevos tiempos exigen decisiones radicales, de fondo, audaces. Y nada hay más de fondo que la forma. Por lo tanto, me permito poner a consideración del público lector las siguientes reglas o normas básicas de la más elemental etiqueta tecnológica, no sin antes advertir que este ejercicio debería actualizarse con plata de Bill Gates por lo menos una vez al año.
Sobre el teléfono móvil y el mundo que nos rodea.
Está mal visto por la gente de bien el abuso sin compasión del teléfono celular como medio de difusión masivo de los gustos, angustias o penurias personales. Tópico particularmente preocupante en nuestros días es el del timbre del teléfono. La verdad, nadie piensa que usted es el alma de las fiestas porque le suene "la sirena viene hacia mí…" mientras hace fila en el banco ni agradecen "la lambada" en un velorio cuando lo llaman al celular. Cómprese una camiseta que diga "Soy único" si lo que necesita es reafirmar su individualidad, pero no nos someta a semejante espectáculo.
Respecto al uso del teléfono móvil en sitios públicos, la jurisprudencia de la Corte Penal Internacional ha dado recientemente un paso muy importante en este sentido: aunque el linchamiento pareciera ser una práctica bárbara y en desuso, es correcto (e incluso aconsejable) practicarla con el miserable que contesta el celular en cine o teatro. Criticable, por el contrario, es no hacer parte de la turba enfurecida en un caso como estos.
Por último, un llamado a la introspección en los momentos de soledad… Si está solo en un restaurante, en una biblioteca, o en el consultorio odontológico, no es necesario que se ponga a llamar uno por uno a su lista de contactos para ver en qué andan. A los demás no nos interesa si "la caspa del Brayan ya llegó", si "la vieja de anoche al fin sí llamó a su amigote" o si "mamá pudo hacer la consignación" para que ustedes vengan a gritarlo por teléfono en un sitio que permanece en relativo silencio o donde usualmente se habla en voz baja. En este frente, la conducta más reprobable la configura la llamada una vez el avión toca tierra para hacer un anuncio tan evidente como inútil: "Ya aterrizamos, pero todavía estoy en el avión". ¿A quién le importa? ¿Qué relevancia tiene esa información? ¿Usted llama a su casa a avisar que ya está en el parqueadero cuando llega en el carro? ?
Del respeto para con los signos ortográficos y para con la inteligencia de la gente.
Es propio de la que alguna vez se dio en llamar la "nueva clase emergente", el abuso de los signos ortográficos en las comunicaciones escritas vía MSN. Es como si por el hecho de ser gratis pudieran utilizarse a mansalva. Mensajes escritos del tenor de ¿¿¿¿¿Cómo asííííííí??? o Noooooo puede ser!!!!!!!! evidencian una falta de cultura inaceptable en quien las escribe.
En este mismo sentido, dice mucho (para mal) del sentido común de las personas que utilizan este tipo de mensajería instantánea, la transcripción de sus reacciones espontáneas (no hemos cambiado los nombres para proteger la identidad de nadie porque gente así merece el escarnio público):
Conejita77 dice: ¿En qué andas?
ZafarranchoTotal dice: almorzando porque estoy que me desaparezco.
Conejita77 dice: JA, JA, JA!!!!!!
ZafarranchoTotal dice: ¡¡¡¡¡¡Eructo?
Conejita77: [Suspiro] es tan interesante hablar contigo….
Por último, absténgase siempre de meterle a un diálogo que ya es patético lo que se ha dado en llamar "emoticones": muñequito saludando, bailarina saltando, dedo haciendo pistola, etc. Justificar el engalle de las conversaciones a través de MSN con emoticones, equivale a aprobar los carros con cabrilla forrada en tela, perrito con cabeza batiente en el frente y palanca de cambios con luz. ?
El ciberespacio y la finura en el envío de mensajes.
Creo que en este punto sobra cualquier comentario sobre las cadenas en los correos electrónicos. Sin embargo, la comunidad parece estar dejando pasar en forma desapercibida una especie igual de nefasta, pero incluso más reprobable: los mensajes edificantes en formato presentación. Esto es una peste, señores. No se sabe qué es más deprimente, si la forma o el fondo. Letras que van apareciendo una a una sobre la pantalla, renglones que se despliegan, fotos que se desvanecen. Y las imágenes de fondo de los textos que son propias de un traqueto sensible: atardeceres sobre el mar, caballos galopando, aves volando en grupo. ¿Todo esto para descubrir "que un amigo es el tesoro más grande"?
Para evitar ser repudiado por familiares y conocidos por el envío de este tipo de mensajes, limítese a enviar información concisa y relevante. Si desea salvar el espíritu de alguien, no sea amarrado y gástele una visita personal.
Lo que sí no admite perdón de Dios es enviar un mensaje de más de 2 MB a alguien que uno dice apreciar. Eso es prácticamente terrorismo. Es como una visita que se queda en la casa una semana. En ambos casos, lo mínimo es avisar y ayudar con el mercado, pero en el caso del correo electrónico, además del mercado, valdría la pena una invitación a comer al destinatario, solo para compensar la furia que le hizo dar.
Sobre las invitaciones no pedidas.
De acuerdo con The Economist, en la vida, la felicidad depende de ciertas pequeñeces como la familia, los amigos y el desarrollo profesional, pero sobre todo de no llenar formularios ni hacer fila. Hay que querer muy poquito a alguien para invitarlo vía correo electrónico a que se una a comunidades, redes o grupos virtuales donde toque llenar más de dos campos. De hecho, existen pocas cosas más humillantes que los campos con asterisco que amenazan diciendo que esa es
información indispensable, que si no se llena (y bien) uno no entra a ver lo que le mandaron.
Del lenguaje, la defensa del castellano y la comunicación.
De pésimo recibo entre las gentes de bien es adoptar el vocabulario de manual de instrucciones (del computador, del celular, del iPod) en los diálogos de la vida diaria. Frases como "es que no he podido accesar", "resetee el coso" o "downloadee esa canción y me la pasa" son equivalentes al eructo en la mesa o a hurgarse las narices. Ni qué decir de la escritura tipo mensaje de texto en documentos o cartas en papel: x q? Slds.
Que estas líneas sean un primer llamado para recuperar las buenas maneras entre los amantes de la tecnología, para evitar que esto se nos siga convirtiendo en un paraíso de chabacanería. Salud
lunes, 26 de mayo de 2008
¡Al chófer no se le para!
Dirigidos por directores afamados bajo un concepto creado entre otros por el genial David Fincher, por la pantalla desfilan en The Hire, estrellas de esas de a deveras, no como las del TV notas, en estupendas cápsulas donde convive la ironía con la tragedia o la sicodelia con la sobriedad.
Ang Lee, Tony Scott y Alejandro González Iñárritu entre otros, dirigen la batuta donde el actor principal Clive Owen, quien funge como un corre-ve-y-dile VIP, lo mismo hace cabriolas en un convertible, lejuega apuestas al mismísimo Chamuco o aguanta sabrosas mentadas de madre en un pais latinoaméricano con un estoicismo que envidiaría cualquier tapatío quisquilloso frente a Emilio el Góber de las cuatro P (Piadoso, Pelado, Pedo y Pen...denciero).
Disfrútenlas muchachos y muchachas, vean estos videos con sus respectivos subtítulos, les van a gustar y me lo van a agradecer. Al final van a cantar como en las excursiones de la primaria: al chófer no se le para, al chófer no se le para, al chófer no se le paraaaaaaa, ¡no se le para el camión!
Beat the devil
¿Habrá quién personifique mejor al Chamirri mayor que Mr. Oldman? No lo sé, pero en este hilarante corto hay un famoso gritón que se lo pone parejo. Además, el final es como dirían los españoles ¡De puta madre!
Powder Keg
Antes de que el matrimonio pasara de la fase del besamiento mutuo de traseros a los chanclazos mediáticos, Iñárritu y Arriaga volvieron a trabajar como relojito lacrimógeno-efectivista para hacer este corto sabrozote y palomero. A mí me gustó, aunque ahora el estilo ya empiece a quedar caduco.
Ticker
No mamen, disculpen mi francés , pero la verdad es que para hacer algo de acción efectiva no se necesitan dos horas de pietaje. Este cortito es muy bueno y en 8 minutos entretiene más que películas joligudescas con cientos de millones en producción. La neta, no mamen, véanlo.
Star
En este video, sabiendo de antemano que lo dirigió Guy Ritchie y aparece Madonna, uno podría pensar que los privilegios no se acaban y la doñita metió mano pa salir en la tele, pero al final creo que lo que refleja la historia es un poquito de frustración del creador de Snatch , que aprovechó el viaje pa desquitarse de su vieja, porque en la vida real ya sabemos quién hace la tronadera de chicharrones.
Si quieren más, me avisan en la sección de comentarios.
martes, 20 de mayo de 2008
Lostmaniaco

En Espoiler hacemos un repaso de la mejor serie popular del siglo. Desde sus comienzos hasta el resurgir de su cuarta temporada.
HERNAN CASCIARI - 06 de marzo, 2008
A estas alturas, después de setenta capítulos devorados tres años, ya soy un experto en esperar que vuelva Lost. Ya no siento ese dolor punzante en las tripas, ni me muerdo las uñas. Y es que, en todo este tiempo, nuestra relación ha madurado mucho. ¡Ah, me acuerdo cuando acabó la primera temporada, qué desazón más grande!
Me quedé con los ojos como huevoduros, viendo cómo Jack y Locke abrían por fin la puerta secreta y la cámara bajaba hacia el negro más profundo. Y después nada: cuatro meses enteros de ansiedad, de conjeturas y abstinencia.
La primera temporada de Lost fue como el inicio de un noviazgo salvaje. Como esos amores a primera vista en donde sólo cabe pensar que la vida será siempre maravillosa y que nada, en todo el mundo, nos sacará del paraíso. Acción, suspenso, misterio… Pero entonces, un día cualquiera, ella, la mujer amada, nos dice: Corazón, tengo que irme cuatro meses a estudiar a Suiza, ¿me esperas? Y el mundo se viene abajo. Pero no el amor.
Y nos quedamos esas dieciséis semanas como estúpidos, pensando en el día exacto en que volveremos a sus brazos. La distancia, en vez de dar respuestas, nos llena de nuevas preguntas: ¿pensará ella en mí?, ¿qué hacía un oso polar en una isla del Pacífico?, ¿se habrá acostado con algún estudiante de intercambio?, ¿qué misterios esconderán Los Otros...? Intentamos distraernos, salir a la calle, ver a otras mujeres, pero nada tiene sentido sin sus besos. Vemos tres o cuatro episodios de CSI, coqueteamos con Grissom, pero nada es lo mismo si nos faltan los apodos de Sawyer. Nuestra cabeza está en otra parte, en la brisa de la isla, lejos, en un futuro que nunca había tardado tanto.

Y entonces, un día, suena el timbre y vemos el primer episodio de la segunda temporada. ¡Qué dicha más grande, cuántos abrazos! Volver a ver un nuevo episodio después de tanto tiempo es como tocar el cielo con las manos. Es tan grande la necesidad de Lost que no importa que las nuevas tramas no traigan consigo ni una sola respuesta a las viejas preguntas. Ni una. Como cuando regresa de Suiza la novia amada y no nos quiere contar qué ha hecho, con quién ha estado, si ha conocido a alguien. Y además llega con el pelo corto y fumando Lucky Strike. Mala cosa. Pero no nos importa, claro que no, mientras esté otra vez en casa, sana y salva. Le perdonamos el silencio porque la amamos.
La amamos tanto, y ella a nosotros, que un buen día decidimos vivir juntos, ser una pareja formal, y entonces comienza la rutina del amor. Descubrimos en ella algunos defectos: deja las ollas sucias sin remojar, abre nuevas incógnitas sin cerrar las anteriores, aprieta la pasta de dientes por adelante, aparece una imagen del gordo Hugo en un flashback de Sayid, no sabe cocinar un huevo frito, hace uso abusivo del humo negro… Pero no nos importa: estamos enamorados.
La segunda temporada de Lost es un matrimonio entre la serie y el espectador. El salvajismo del amor le ha dejado paso al disfrute de las pequeñas cosas, a la caricia velada y al café con leche por las mañanas de domingo. Ya sabemos que nada es tan perfecto en la pareja, que hay muchos flashbacks que no tienen sentido aparente, que hay roces y gestos desganados...
Pero nadie nos quita del sofá los jueves por la noche. Estamos cómodos en casa, es bueno sentir el calor del otro cuerpo, aunque no nos creamos que Walt haya crecido tanto. Somos una pareja estable.
Y entonces ocurre la primera crisis. Al final de la segunda temporada, justo cuando Los Otros atrapan a cuatro de nuestros mejores náufragos, ella nos dice: Necesito espacio, me voy a casa de mamá unos meses para pensar mejor... Y otra vez nos deja solos en casa, sin entender que va a pasar con nuestras vidas, ni tampoco a dónde se ha ido Michael en ese barco tan pequeño.
Pero nosotros ya no somos aquel novio primerizo que no sabe qué hacer sin el amor de su vida. En este segundo impás nos sentimos vivos, andamos en calzoncillos por toda la casa, disfrutamos la soltería... Y un día conocemos a Heroes (la abstinencia absoluta es difícil) y le ponemos los cuernos a Lost mientras está ausente. Heroes es una serie intensa, hay gente que vuela, señoritas que se caen de los puentes y no se hacen nada, policías telepáticos, japoneses simpatiquísimos. Heroes es una adolescente con ganas de experimentar en la cama. Aprendemos con ella cosas nuevas, nos sentimos inmortales. Tenemos una amante más joven, ¡ah!, qué maravilla es la vida, qué fabulosa la televisión yanqui.
Pero una tarde de domingo, mientras estamos con Heroes en la cama, justo en medio del clímax, nos equivocamos de nombre y le decimos Lost. “Ah, sí, sí, Lost, un poquito más abajo, ahí, en la escotilla”. Y Heroes se pone como loca, se levanta de la cama y se va dando un portazo. Mucho no nos importa, porque desde el episodio once se estaba poniendo bastante pelotuda, con muchas explosiones y tramas cruzadas que no iban a ninguna parte.
Como por arte de magia, a la semana siguiente vuelve a casa Lost y sólo al verla, no antes, justo cuando aparecen en pantalla las primeras escenas, descubrimos cuánto la habíamos echado de menos.
La tercera temporada de Lost es la esencia del amor de pareja. Ha quedado tan lejos el oso polar, las primeras incógnitas, los subidones de adrenalina, la falta de respuestas… Todo es tan lejano y a la vez está allí, sin condiciones. La tercera temporada es una mujer madura que ya ha vivido todas las vidas y ha regresado a nosotros por elección final, por voluntad superior.
Las historias son más pequeñas y nos devuelven los sueños. Y esta vez sabemos, además, que nada es para siempre.
El último abandono no duró tres o cuatro meses, como los anteriores. Esta vez fue casi un año entero sin un nuevo episodio de Lost. Pero como dije, ya soy un experto en esperar que vuelva. Cuando me siento triste miro capítulos viejos y recuerdo los antiguos besos, las primeras caricias; o entro a los foros de Internet para escuchar a otros hacer conjeturas. Que todos están muertos y la isla es El Limbo, que se trata de un universo paralelo y el avión no cayó en este mundo, que la isla es una segunda oportunidad para seres desdichados. Que Hugo es Dios. ¡Cuántas cosas se dicen por ahí, y qué poco me importa!
Ahora que ya ha comenzado la cuarta temporada, yo estoy muy tranquilo. Sí, es verdad, he mandado las sábanas a la tintorería para que huelan mejor, y compré vajilla moderna para el desayuno, y estuve haciendo un poco de ejercicio para que, cuando ella llegue, no me vea descuidado. Pero no estoy ansioso. Ni siquiera le he preguntado a dónde ha ido en estos meses, ni por qué se mueve tanto la cabaña de Jacob, ni cuánto tiempo piensa quedarse esta vez en casa. No. No haré preguntas. Ella, a cambio de mi ingenuidad, a veces me regala polvos monumentales como el del viernes pasado.
La cuarta temporada de Lost es el amor puro entre una historia y su espectador, ese mismo amor fundamental que se explica en el Nuevo Testamento y al que muy pocas almas pueden acceder. Es el amor que todo lo sufre, que todo lo cree, que todo lo espera, y que todo lo soporta. Como el amor de Penélope y Desmond. Yo creo en Lost cuando me dice la verdad, pero también amo a Lost cuando me miente. Y cada vez que se va de casa sin decir nada, soporto su ausencia como un hombre. Y cuando vuelve, como ha regresado ahora por cuarta vez, abro el mejor champán y espero, a oscuras, que entre a casa y me engañe de nuevo.
lunes, 12 de mayo de 2008
¡Ay jabón de olor!
Ritmo y olor
La contaminación en el Río Santiago puede sonar a ritmo de blues.
Por lo menos es lo que piensan los integrantes del grupo de Rock Tragicomi-K quienes grabaron ayer escenas para el video de su canción “Puente Juanacatlán” en el lugar del mismo nombre.
La cascada El Salto de Juanacatlán se llenó ayer de personas que portaban máscaras antigases y cubrebocas. Madres con todo y carriolas para sus hijos, policías municipales, estudiantes de primaria y secundaria, voluntarios de Greenpeace, todos enmascarados para participar de extras en el videoclip.
Para quienes son vecinos del apestoso y contaminado afluente, las mascarillas eran de utilería, para los visitantes foráneos, significaban una manera de aguantar la peste que suelta el río, plagado de sustancias tóxicas y desechos orgánicos.
“La idea es mostrar de manera irónica cómo es la vida de las personas que viven aquí y que día a día tienen que convivir con la contaminación”, comentó Jose Riaza, vocalista del grupo.
Si los videos olieran, pocos aguantarían hasta el final del que se grabó ayer. El “aroma” que proviene del río podría compararse a una mezcla de huevos podridos, excrementos, el hedor de un animal muerto en descomposición y alimentos echados a perder. Y eso que todavía no abrían las compuertas, que según los vecinos, es cuando más feo huele.
La grabación es parte de una campaña de concientización que Greenpeace Jalisco y el Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario (Imdec), desarrollan junto con la banda
Durante todo el día se grabaron las escenas en el área del puente de Juanacatlán con el apoyo de vecinos y autoridades de la zona.
Incluso, los policías que vigilan uno de los cruceros de Juanacatlán prestaron su imagen para el video junto con algunos regidores del Municipio.
Víctor Busteros coordinador del grupo local Guadalajara de Green Peace, señaló que es necesario que se siga divulgando el serio problema de contaminación y salud pública que se desprende del envenenamiento del Río Santiago y acusó que ha faltado voluntad política de autoridades municipales, estatales y federales para promover un saneamiento integral del cauce.
El video será dado a conocer en algunos meses a través de los canales especializados, así como será parte de una campaña de concientización sobre el problema por parte del Imdec, que repartirá dvds con el video.
domingo, 20 de abril de 2008
258 días para conseguir pareja

En websfera cultivo mi capacidad de asombro. Entre la mar de información sobresalen a veces pequeños barquitos de papel con inscripciones sorprendentes a los costados. Los blogs son pequeños mundos, absurdos y mágicos, sorprendentes y aburridos. Hay de todo, como en botica, pero de vez en cuando uno tiene la afortunada oportunidad de encontrarse cosas verdaderamente sabrosas.
No sé si lo que se cuenta es verdad, y la verdad me importa un rábano, pero el blog ciega a citas me tiene emocionado, quizá es su estilo dessenfadado, simple y directo, a lo mejor lo que me gusta es el despaspajo con que se diseccionan las relaciones normales. No lo sé ni me importa, pero el blog de una periodista que tiene 258 días para conseguir novio y no acudir sola a la boda de su hermana me tiene bien prendido de sus aventuras.
No hay principes ni millonarios, no hay mujeres sofisticadas y salpicadas de glamour de revista fina. Aquí hay personajes comunes y corrientes que aman sufren y le batallan con la vida cotidiana, como tu, como yo. Con traiciones y solidaridad, fracasos y triunfos. Las historias son pegajosas porque nos identifican. Bien decían: lo importante no es el cuento, sino quien lo cuenta.
No dejen de darse una vuelta por este blog, creo que les va a gustar, y mucho.
De probadita les dejo el primer post:
Never the bride
November 1st, 2007 · 19 Comments
Ayer tendría que haber matado a mi madre y a mi hermana, pero en vez de apuñalarlas, me comí medio lemon pie y lloré.
Mi hermana menor se casa en nueve meses y ayer a la noche nos invitó a cenar a su casa para contarnos (Igual creo que mi mamá ya sabía). Brindamos, comimos cosas ricas (yo demasiadas) discutimos un poco, hablamos de tipos de fiestas, vestidos, menúes. De las cosas típicas. Todo fue relativamente lindo (y eso es mucho viniendo de mi familia). Pero duró poco (lo lindo). De repente, sin querer, cuando estaba en el baño pegado a la cocina lavándome las manos, escuché a lo lejos una conversación que me dejó muda hasta ahora, que estoy escribiendo esto, y que por fin pude ordenar un poco las ideas y pensar en qué voy a hacer.
Mi mamá le decía a mi hermana que esta boda iba a a ser muy difícil para mí, porque yo era la mayor. Que yo tenía el peor trabajo (soy periodista y gano una miseria, es cierto), que no tenía pareja (¡ella qué sabe!), que estaba gorda (Mmm, 12 kilos, ponele), que mi vida era un desastre. Y que encima, seguramente iba a tener que ir sola al casamiento, lo que iba a ser “doblemente triste para mí y para toda mi familia que siempre me ve llegar sola, deprimida y vestida de negro a todos lados”. Mi hermana le chistó, le dijo que cómo sabía ella que yo iba a ir sola. Mi mamá le dijo que lo sabía. Mi hermana le dijo que no. Mi mamá que sí. Mi hermana que no. Y la conversación fue subiendo de tono, hasta que (lo tipeo y no lo creo), mi mamá dijo que le apostaba que si yo no iba sola, deprimida, y vestida de negro (¿Qué tiene el negro de malo?) ella pagaba toda la fiesta (ahora paga solo la parte de mi hermana).
Y dijo la palabra “apuesta” (¡Apuesta!). De hecho, cuando salí del baño se estaban dando la mano.
Hice que me iba para el living, pero me quedé en el pasilllito, y como pensé, siguieron hablando. Mi mamá le dijo que no valía si llevaba un “candidato prestado”, es decir, (cito textual): “compañeros de trabajo, amigos putos, gente que me hacía el favor de ir conmigo (keyword: favor)”. Que tenía que ser un novio o un candidato en serio.
Después habló un rato largo sobre mí, pero no me puedo acordar que dijo, por más de que me esfuerzo. Sé que dijo “gorda puede ir, eso no importa tanto” (¿Tanto?) y listo. Me tuve que apoyar en la pared porque sentía que me caía al piso. Fue, (no sé por qué hago este símil) como descubrir que era adoptada, o algo así. Inmediatamente (e inexplicablemente) fui a la mesa, me senté (blanca como un papel) y me comí 2 porciones de lemon pie en 3 minutos, ante la mirada absorta de mi madre, que servía el té (escandalizada). Sabía que tenía merengue en los labios y me lo dejé. No me importaba. Si entraban ladrones en ese momento creo que ni corría. Me quedaba ahí a dejarme morir.
lunes, 7 de abril de 2008
¿Perdonar es divino?
PD: La pintura es de Antonio Mártínez Guzmán, tan arandense, excéntrico y revolucionado, como yo.
PUÉ QUE ME RAJARA
(Carlos Rivas Larrauri)
¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco!
¡Antes qu'ir a verla... primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m'importa qu'esté güena o mala;
yo no tenga culpa
de lo que le pasa...
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d'esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero ya d'ella saber ni palabra...
Tú sabes, mi hermano, que yo la quería
con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo,
crioque ni a mi madre, ni a mi madre santa
he querido tanto
como áquella ingrata!...
¿Pa quién trabajando me pasaba el día?...
¿Pa quién era todo lo que yo ganaba?...
¿Pa quién mi cariño?
¿Pa quién mi costancia?...
Y aluego... ¿pa qué? Dimpués di todo eso,
ya vites, manito, cómo jué la paga...
Dendi antes, muncho antes
qu'ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño
no le daba di ala;
yo vide clarito qu'estaba a desgusto;
ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo
lo que le cuadraba...
Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba,
no quiso la endina seguir siendo güena,
no quiso la endina seguir siendo honrada,
s'echó pa la calle... se tiró a la vida...
y jué una de tantas...
Y ora que han pasado
dos años di qui anda
rodando y rodando mesmamente como
si juera una hilacha;
ora qu'está probe;
ora qu'está mala;
ora que no tiene quíen se ocupe d'ella,
ni quíen se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era güena
nada le faltaba,
ora es cuando quere que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas!
¡Antes qu'ir a verla...
primero me matan!
Pero... oye, manito... aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas:
di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya...
Llévaselos todos... llévaselos luego...
¡no vaya a ser cosa de que li hagan falta...!
Pero eso sí; júrame que no has de decirle
de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d'ella...
No quero que sepa ni quien se los manda,
porque si si alivia, pué ser que algún día,
la muy atascada,
si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias...
Y si viene a verme y en sus ojos prietos
~más prietos que su alma~,
deviso que bulle
siquera una lágrima...
pué que me ricuerde de cuando la quise
con todita mi alma;
pué que me ricuerde que sólo vivía
resollando el aigre qu'ella resollaba;
pué ser que de nuevo
me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d'engañarte?
¡Manque soy muy hombre... pué que me rajara!.
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viernes, 4 de abril de 2008
Toda una historia de amor tipo Bollywood

"No soy Devadip, pero soy de Autlán". La frase resultó suficientemente rara para que Bety escuchara lo que seguía: Devadip era el nombre espiritual de Carlos Santana, oriundo de Autlán, Jalisco
La globalización produce cambios de identidad que afectan la forma en que la gente se enamora. Acabo de compartir un tren con un pasajero que me contó un romance digno de estos tiempos.
Viajamos de Barcelona a Alicante. A unos asientos de nosotros un perturbado gritaba por celular dramas agropecuarios. Mi vecino y yo entablamos conversación para contrarrestar la cháchara donde estallaban palabras como "porcino" y "fiambre", referidas a un comerciante de la competencia.
Resultó que el viajero de junto y yo éramos mexicanos, y sobrevino esa complicidad que sólo ocurre lejos de la patria. El paisano (a quien llamaré Edgar) me confió algo que en México hubiera ameritado 10 tequilas: estaba muy enamorado. No es común que alguien del país de José Alfredo se abra ese modo, al menos no antes de describir los atributos rigurosamente externos de su amada. Sorprendido por ese brote de interioridad, le pedí el cuento completo.
"Soy de Autlán, Jalisco", informó. Su origen tenía que ver con lo que había pasado, pero yo tardaría en saberlo. Como Edgar no acostumbra contar historias, saltó de modo abrupto al presente, donde ofrece "ventanas de oportunidades". Para alguien ajeno a la economía, ciertas expresiones suenan esotéricas. No le pedí que se explayara porque temí que tuviera la amabilidad de responderme. Me bastó saber que operaba en una zona elevada de las finanzas, donde hay ventanas por las que unos se suicidan y otras (las de oportunidades) que se abren a paisajes increíbles.
Aunque la mayoría de las transferencias se hacen por computadora, los diplomáticos del dinero recorren el mundo para garantizar la parte humana de las transacciones.
Edgar parecía suficientemente afable para poner buena cara ante un desfalco. No era extraño que tuviera éxito en su giro de trabajo, que yo aventuro como un incierto sistema de creencias donde los dioses se devalúan y cambian de divisa.
Por fin me contó de su flechazo, que de acuerdo con los tiempos fue telefónico. Edgar llamó a una aerolínea para reservar un boleto y una voz fantástica se presentó como Nancy. Luego de los trámites de rigor, él se animó a preguntar otras cosas. Nancy era de Florida y vivía a unas cuantas millas de la universidad donde Edgar estudió finanzas y cortejó a una porrista del equipo de futbol americano. Hablaron de la región y sus mosquitos. Edgar colgó con la sensación de haber perdido la oportunidad de su vida.
Pero la rueda del cosmos se movió en su favor. En la siguiente ocasión en que reservó un boleto fue atendido por Nancy. La señal de la diosa Fortuna era tan clara que él se animó a hablar hasta de los pantanos de Florida. Iniciaron así una relación telefónica que subió de intensidad hasta que, varios meses después, llegó una amarga revelación: Nancy no era una nueva versión de la porrista que él codició en sus tiempos universitarios. Se llamaba Kali y vivía en la India. La empresa le había asignado una falsa identidad para que los clientes se sintieran tratados por una típica estadounidense. Había recibido un curso para pulir su acento y datos para hablar de Florida como una lugareña. Ganaba un sueldo de hambre y no había salido de la India. "Lo siento", dijo en forma desoladora.
Según me explicó Edgar, cada vez es más común que los negocios estén deslocalizados. Al hablar a una empresa con sede en Europa, responde alguien desde un país del tercer mundo. Sin embargo, el cliente debe sentir que es atendido en Londres o Nueva York. Edgar se avergonzó de haberse enamorado de un prejuicio, pero no pudo traicionar sus emociones. A pesar de su nombre de diosa, Kali no era para él.
Curiosamente, esa experiencia lo llevó a un curso de meditación, clases de yoga y una dieta rica en yogures y tés aromáticos.
Estaba parado de cabeza cuando una mujer le habló con voz de sítara: "¡Devadip!". Aún en su posición invertida, Edgar juzgó que aquella mujer era bellísima. Se incorporó pero no tuvo tiempo de presentarse. "Devadip, soy yo. ¿Tú eres Bety?", dijo un pelirrojo. La chica, en efecto, era Bety y puso la cara de quien encuentra una molestia materialista entre las alfombras del espíritu.
El pelirrojo era un gurú telefónico. La mejor amiga de Bety le había recomendado una hotline donde sale baratísimo perder el karma negativo. Durante meses, Bety recibió acertados consejos de Devadip. Llegó un momento en que quiso conocer al hombre que la había llevado a un plano superior. En forma apropiada, él la citó en un centro donde impartía un curso de arte tántrico. Al entrar, ella vio a un apuesto indio de cabeza. Ese elástico espécimen no era su anhelado gurú sino Edgar, el ejecutivo que abre ventanas de oportunidades.
Bety odió que el maestro que le respondía por teléfono con acento del Punjab fuera un pelirrojo de la colonia Narvarte. Salió de ahí sin creer en la reencarnación.
Edgar la siguió a la salida, donde tuvo una inspiración cósmica: "No soy Devadip, pero soy de Autlán". La frase resultó suficientemente rara para que Bety escuchara lo que seguía: Devadip era el nombre espiritual de Carlos Santana, oriundo de Autlán, Jalisco.
Edgar se decepcionó de que su amada fuera de la India y Bety se decepcionó de que su amado no fuera de la India. El destino no siempre es ortodoxo: ellos estaban predestinados.
Vi a mi compañero de asiento. Con una camisa naranja parecería un actor de Bombay. Me mostró una foto de Bety: la perfecta Miss Florida.
En un mundo ideal, el pelirrojo habría viajado a la India para casarse con Kali, pero la cuota de sufrimiento es enorme y ellos sólo sabrán que están predestinados si leen este relato.
El hombre de las crisis porcinas se había dormido. La vida parecía agradable.
"¿Has leído el Rig Veda?", me preguntó Edgar.
"¿Es una ventana de oportunidades?", pregunté.
Edgar sonrió como un gurú globalizado: "puedes salir de la realidad, pero no de la India".
jueves, 3 de abril de 2008
¡Oiiiiiii nomás!

| Afirman que el buen sexo es rápido |
| Por Grupo Reforma |
| Ciudad de México (2 abril 2008).- Un grupo de científicos de la Universidad de Penn State, en Pensilvania, hicieron una encuesta con miembros estadounidenses y canadienses de la Sociedad de Investigación y Terapia Sexual. Los resultados se publicaron en el Journal of Sexual Medicine (Revista de Medicina Sexual), reporta el sitio electrónico de la BBC. Los participantes incluían psicólogos, médicos, trabajadores sociales, terapeutas familiares y matrimoniales y enfermeras que habían recogido datos de miles de pacientes durante varias décadas. Se preguntó a los encuestados el promedio de tiempo que debe durar un acto sexual, desde la penetración del pene a la vagina hasta la eyaculación. Y se les pidió calificar lo que consideraban "adecuado", "deseable", "demasiado corto", o "demasiado largo". La encuesta mostró que un acto sexual "adecuado" duraba de 3 a 7 minutos, uno "deseable" de 7 a 13 minutos, uno "demasiado corto" de 1 a 2 minutos y uno "demasiado largo" de 10 a 30 minutos. "La interpretación de un hombre o una mujer de su funcionamiento sexual y el de su pareja está fundada en creencias personales basadas en parte en los mensajes de la sociedad" afirman los investigadores. Desafortunadamente la cultura popular actual refuerza muchos estereotipos sobre la actividad sexual", explican las conclusiones. "Y muchos hombres y mujeres parecen creer en la fantasía del acto sexual que dura toda la noche", agregan los autores, quienes intentan "disipar dichas fantasías y alentar a hombres y mujeres con datos reales sobre lo que es un acto sexual aceptable". De esta forma, afirman, se podrán evitar decepciones y disfunciones sexuales. Los expertos subrayan que estos resultados también tienen implicaciones para el tratamiento de la gente que padece problemas sexuales. Muchas personas que están preocupadas porque creen que no pueden alcanzar la duración "ideal" de un acto sexual quizás piensan que padecen algún trastorno físico. Pero tal como lo demuestra este estudio, es probable que estas personas se beneficien más recibiendo una terapia psicológica que tomando medicinas para lograr una ejecución sexual que se ajuste a ese "ideal". PD: Pos lo prefiero malecho-rendidor |
