jueves, 9 de julio de 2015

A veces no puedes conseguirlo por ti mismo...



“Cuando la extraño, yo le canto”, me dijo mi amigo. Yo le creí.

A los amigos hay que creerles.
Mi papá estaba casi tan contento como yo cuando le dije que por fin iba a ver en vivo a U2. Yo brincaba frente a él presumiéndole  la endemoniada buena suerte que había tenido de conseguir un par de boletos de lujo para el Pop Mart Tour en esos días finales de 1997.
A mi papá, el hombre de la voz de trueno y gesto adusto, los ojos se le iluminaban como los de un niño travieso cuando se emocionaba. Ese día, a mi viejo tampoco le cabía la sonrisa en la cara.
Él sabía lo que le batallé para conseguir ese papelito que me transportaría a ver lo que para mí era la banda más grande del mundo. Unas semanas antes, acudí solo a mi fiesta de graduación de la universidad porque la profunda crisis se había llevado al carajo la estabilidad financiera de mi familia. Vi a mi papá sufrir al sentirse culpable de no haber podido ayudarme a pagar una mesa para la familia. No le importaba cuánto le dijera que no se preocupara, que mucho había hecho ya con ayudarme a sacar mi carrera. Que una fiesta no era nada, que lo importante era estar juntos. No importaba. El hombre que nunca escatimó un centavo para el bienestar y la alegría de su familia, estaba triste.
Pero a mi papá, las alegrías y triunfos de sus hijos lo ponían eufórico. Entusiasmado, me comentaba cuando él iba soltero o con mi mamá, a ver los artistas que le gustaban. Romántico empedernido de los boleros, platicaba sus experiencias cuando escuchó a los grandes tríos de su época o incluso al “cara de foca”, el mismísimo Pérez Prado. Reconocía sus emociones y anhelos en los míos. “Disfruta como si fuera la primera, la última, la única vez”, me dijo.
A los papás hay que hacerles caso.
Regresé del DF extasiado, contándole todos los detalles. Años después, cuando salió el video de ese concierto los vimos juntos un rato. Aunque no le gustaba la música de U2 (a mi mamá sí, pero esa es otra historia) aguantó vara por varias canciones observando la parafernalia y el exceso crómatico y tecnológico de ese ambicioso tour; al final su comentario fue: con razón hacías tanto mitote.
Esos días, que me parece tan cercanos que alcanzo a agarrarlos con un puño ya se disolvieron en la ilusión de lo que fue. Mi papá tampoco está ya y el hachazo de su partida está fresco. Ni siquiera puedo clasificar esa pesada ausencia como dolor. Es algo más, es una terrible sensación de desamparo. Es una nata espesa que se me atora en el esternón. Es el miedo a la nada de su cobijo, el pavor por la orfandad de su consuelo, la terrible amputación de su cariño y su comprensión a la que siempre corría a resguardecerme como un crío asustado por un trueno, por el relámpago de la muerte que azota en la oscuridad para recordarte que un rinconcito de tu espíritu también se murió.
Mi amigo me consuela platicándome que cuando él extraña a su mamá le canta una canción.

Me aparece un link en el whatsapp.
Mi papá fue un hombre fuerte.
Mi papá luchó contra todo y venció aun perdiendo mil batallas.
Mi papá no dejó de sonreír a pesar de que sabía que se estaba muriendo.
En sus últimos días a mi papá se le escuchó cantar.
A veces siento que mi papá aún me escucha.

“Cántale a tu papá cuando lo extrañes”, me dijo mi amigo.


I know that we don't talk

 I'm sick of it all

 Can - you - hear - me - when - I -

 Sing, you're the reason I sing

 You're the reason why the opera is in me...


A los amigos hay que hacerles caso…

 


 

lunes, 17 de noviembre de 2014

La balada calibre .45


Originalmente publicado en Artículo Siete

Por José Alonso Torres

Algo muy desolador está pasando en un país que se ha tenido que acostumbrar a que el traqueteo arrítmico de las balas, sea la banda sonora de la historia de la nación.
     A través de películas de charros y fiestas de pueblo, los mexicanos crecimos con los tímpanos aclimatados para escuchar los balazos que se sueltan en las celebraciones de provincia. Se ven muy lejanos los días en que los plomazos a media noche significaban que había llegado un nuevo año, o entrados en excesos, que el casorio llegaba ya a su punto máximo de fiesta.
     Una madrugada los tiros aislados desaparecieron y, en cambio, la noche comenzó a vomitar tronantes, continuas, relampagueantes, ráfagas de plomo. Los calibres aumentaron, a este país de repente le cayó la negrura encima y los festejos abrieron paso franco a los velorios.
     Los balazos dejaron de ser cosa de risa y grito jubiloso. Desde las fronteras y las tierras calientes del centro comenzó a bajar la neblina de la desdicha y el miedo. El atronador sonido de un arma se convirtió en la señal sonora de que había que tirarse de cabeza al suelo.
     ¿A qué suena hoy un disparo de calibre .45, de AK-47 y de R-15? Retumba a espanto, a dientes que crujen, a lágrimas de histeria y desesperanza. La Uzi chasquea muerte y los latidos más fuertes se infartan con las sinfonías del pavor. Del corrido Carabina 30-30 de los revolucionarios rebeldes, brincamos a las jaculatorias, alCuerno de Chivo, al Chanate.
Habría que reflexionar cómo se le fue perdiendo el respeto a la tragedia. Eduardo Monteverde citaba a Virgilio señalando que lo peor del horror es que terminemos acostumbrándonos a él.
     A veces sólo queda el camino del arte para enfrentar el desasosiego. La creación de un sentimiento para sustituir el abatimiento de la esperanza. No es el primero ni seguramente será el último en hacerlo, pero la obra de Pedro Reyes nos muestra que hasta los símbolos de la muerte pueden convertirse en luz de vida.
     Pedro Reyes es un artista que ha usado las armas para volverlas arte, como alegoría del triunfo del espíritu sobre el dolor. Después de que hace unos años transformó miles de armas en palas para plantar árboles, le ofrecieron utilizar seis mil 700 pistolas y metrallas decomisadas en Ciudad Juárez —ese lugar donde abundan los recitales de gritos y balas—, él decidió convertirlas en instrumentos musicales, una redención del metal creado para provocar sufrimiento.
     La idea no es nueva. Múltiples proyectos alrededor del mundo se han focalizado en transformar el armamento en piezas artísticas, como monumentos a la vida hechos de fierros que sembraron de cadáveres los caminos en donde ya no se escuchan notas alegres.
     En Mozambique, 15 artistas se dieron a la tarea de construir esculturas de armas previamente destruidas; en Phoenix Arizona, Robert Miley creó, con cuatro toneladas de fusiles y pistolas, una figura humana, llamadaRelease the fear, que levanta los brazos hacia el cielo; los canadienses Sandra Bromley y Wallis Kendal transformaron ocho mil armas recopiladas en todo el mundo en la instalación The gun sculpture, para reflexionar la cultura de la violencia.
El proyecto Disarm de Pedro Reyes puede encontrarse en YouTube como  documental de Vice, es una melodía mecánica que huele a pólvora, pero transpira el mensaje de que la tecnología no es mala ni buena, sino que todo depende de la persona que la utilice.
     Con armas decomisadas, Pedro Reyes construyó 50 instrumentos de todo tipo y que trinan como coro de metal que en lugar de lenguas de fuego y plomo, arroja tonos melódicos. En una nación que, sólo de Estados Unidos,  de manera ilegal recibe 253 mil armas al año, parece poca cosa; se podrían hacer casi cinco mil “orquestas” como la que construyó Pedro.
     Destello para reflexionar o ingenuidad desarmada. El mensaje está puesto para quien, literalmente, lo quiera escuchar. La armonía, representada en este caso por la música, es un pequeño oasis para aquellos que queremos compartir el pensamiento de Gandhi y creemos que la mayor arma es una plegaria muda.

 

sábado, 28 de junio de 2014

Realidad Bizarra


 
 
En un sábado en que América del Sur domina las pantallas de televisión y revienta las redes con discusiones futboleras el sentido común se diluyó en una rueda de la fortuna donde, como en la vida misma, el drama no conoce a la justicia.

Chile llegó al partido contra el anfitrión como el equipo con sed de triunfo mientras el rival tenía la garganta cerrada por el nerviosismo del que sabe que no puede darse el lujo de pasar un trago amargo.

Decía Juan Villoro que el futbol se analiza siempre en retrospectiva. De antemano se sabía que los chilenos saldrían con el ánimo de una turba de filibusteros que atacarían a los brasileños con el cuchillo entre los dientes y con la agilidad en las piernas de un mastín que huele el miedo en su presa. Lo que nadie imaginaba era una escena donde los “favoritos” para llevarse la Copa FIFA tenían lágrimas en los ojos, la frente pegada al pasto o los brazos elevados en una plegaria desesperada…  eso, antes de que finalizara el encuentro.

Julio César, el portero brasileño que emigró de las aguerridas canchas italianas a los aparentemente más cómodos campos alfombrados de la Unión Americana, lloraba antes de la tanda de penales. Como nunca, el que se sabe frente al paredón de fusilamiento mostraba sus emociones sin tener fe en que los pistoleros contrarios tuvieran la pólvora mojada.

Durante 120 minutos, los chilenos se comportaron como el boxeador fajador que entra al intercambio de golpes con el riesgo de que lo fulminen de un nocaut, pero a Brasil le hicieron falta los puños, a la nación anfitrión le llegó una crisis más aguda que la económica que mantiene protestas callejeras en su territorio: la escasez de delanteros es ahora un asunto de seguridad nacional.
 
El equipo que intentó ganar hasta el final vio salir a Medel uno de sus aguerridos guardianes de la retaguardia de la única manera en que iba a abandonar el terreno de juego: en una camilla y el conjunto dejó todo su esfuerzo en los postes: un tiro al travesaño en la agonía del tiempo regular comenzaba a perfilar una tragedia, un disparo al metal en la tanda de penales cerró el círculo de la mala fortuna.
El llanto se convirtió en un catalizador atajapenales. Julio César puede patentar una nueva psicosesión. El guardameta carioco inauguró la terapia Gestalt desde los once pasos.  

Una cancha de futbol es un escenario histriónico donde en ocasiones la realidad se torna bizarra. En el juego entre Brasil y Chile, el verdugo fue el que estaba de rodillas.

Foto: O Globo.

 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Con ustedes, un maestro


 
Les dejo este pequeño perfil que publicó el Suplemento Filias de Milenio sobre uno de los mejores reporteros del mundo y que nos hizo el honor de acompañarnos en el Encuentro Internacional de Periodistas.
Jon Lee Anderson, el viajero inagotable

Por José Alonso Torres


Las anécdotas que se cuentan de Jon Lee Anderson darían para escribir un libro tan apasionante como las historias que narra quien es considerado por muchos el mejor reportero del mundo y que participará en el Octavo Encuentro Internacional de Periodistas en la Feria Internacional del Libro

Nació en California pero su patria es el mundo. Viajero inagotable carcomido por la curiosidad y el atrevimiento, Jon Lee Anderson comenzó en la adolescencia un periplo que ahora se antoja sempiterno. Sus libros y sus historias publicadas en los periódicos y las revistas más prestigiadas del mundo dan cuenta de su vocación de testigo errante, de reportero que no se puede ni debe estar quieto para seguir narrando el desarrollo de la Historia contemporánea. Sus letras son el registro meticuloso de los ojos de un periodista que nunca pisó un aula  en la materia pero aprendió el oficio desgastando la suela de los zapatos. Observador de primera línea de una realidad que a pesar de internet, a veces sigue pareciendo lejana, onírica cuando no se nos presenta bajo el escrutinio de Jon Lee, quien a través de guiños y detalles va desmenuzando la naturaleza humana de las tragedias más horribles y desesperanzadoras, pero sin dejar de aportar el dato, el instante que nos hace comprender que aún los tiranos merecen redención y una justicia que ellos mismos no conciben y que las personas son más complejas que los análisis fríos y descoloridos que se hacen a la distancia desde las agencias informativas y las corresponsalías.

En una entrevista realizada durante su participación en el Segundo Encuentro de Cronistas de Indias, realizado en la Ciudad de México bajo el auspicio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, Jon Lee Anderson le contó a Animal Político que el principal enemigo de un periodista es la falta de curiosidad. El escritor desertó de la escuela secundaria para enrolarse en el enorme campo de batalla que es el mundo. Siendo el hijo de un matrimonio compuesto por una madre escritora de libros infantiles y un padre cuya vocación permanece en el misterio, su infancia transcurrió entre cuatro continentes: vivió en Corea del Sur, Colombia, Taiwán, Indonesia, Liberia e Inglaterra, además de Estados Unidos. Pedirle que se quedara quieto sería un exceso, así que antes de cumplir 15 años de edad ya se había ido a recorrer África.

Jon Lee llegó al nuevo milenio diseccionando con precisión el siglo anterior desde la barbarie de las naciones remotas, reinos del caos y la opulencia, tronos caídos y revoluciones desencantadas. Probador de múltiples oficios se dio cuenta que podría sobrevivir de y con la escritura, pero nunca detrás de un escritorio. El periodismo le dio la fórmula mágica para no echar raíces y desde que en su juventud comenzó su carrera como reportero en un diario de Lima, Perú, al que llegó sin experiencia y con el currículo basado en su convencimiento de que sabía escribir comenzó una carrera a prueba de destinos finales. Son numerosos los conflictos armados, rebeliones y revoluciones que ha cubierto, es más valioso aún el testimonio de sus experiencias. Sus historias le han dado la vuelta al globo casi tanto como su persona. Sus escritos se han convertido en una referencia obligada para entender nuestra actualidad. The New Yorker, su publicación de planta sabe que a Jon Lee Anderson le caracterizan dos cosas: siempre tiene la maleta hecha y regresará con una buena historia que contar. La vida se convirtió en un movimiento perpetuo en el que  encontramos al narrador caminando hacia un nuevo destino, nada mal para alguien que en su juventud estuvo a punto de quedarse cojo por culpa de un machete demasiado afilado.

Jon Lee Anderson tiene un hermano que también es periodista y escritor: Scott, otro viajero empedernido que ha transitado tanto los caminos de la guerra como los senderos de la ficción. (Incluso, uno de sus libros, Triage, relato sobre corresponsales de guerra en Kurdistán  fue llevado al cine hace un par de años). Los  dos Anderson han formado un fuerte vínculo que va más allá del parentesco. Hermanos de sangre y pólvora, la curiosidad por descubrir y contar historias los unió desde la juventud. En un artículo publicado por Reader´s Digest en el 2001, Scott reveló algunas anécdotas de su pariente y los consejos que éste le daba cuando los dos andaban persiguiendo guerras por todo el planeta. También relató la preocupación que sufrió la familia cuando en 1975 al regresar a casa después de la escuela sus padres lo estaban esperando con una postal enviada por Jon Lee desde Honduras en que con gran simpleza el hermano mayor les enviaba un mensaje de un turista cualquiera que habla de manera general sobre la playa, pero con una posdata aterradora: “”Escribo esto desde un hospital, accidentalmente pateé un machete y me abrí el pie derecho, los médicos dicen que está infectado y probablemente gangrenado. Quizá haya que amputar. Bueno c´est la vie”.

Scott Anderson fue a Honduras a buscar a su hermano “enfermo” a quien encontró ya saludable y bronceado, la penicilina había surtido efecto durante el mes que tardó la tarjeta postal en llegar a casa, sin embargo, Jon Lee ya tenía otros planes inquietos para compartir: el viaje sirvió para hacer un viaje y cimentar una camaradería permanente, incluso hicieron una competencia para ver quién visitaba más países. A la fecha de la publicación del testimonio del menor de los Anderson, Jon Lee sumaba 77 países y su hermano Scott 75. Y de eso hace más de 10 años.

El autor de libros como “La caída de Bagdad”, “El dictador, los demonios y otras crónicas”, “Che Guevara, una vida revolucionaria”, entre otros, mantiene un intenso ritmo de escritura y viajes que lo llevan dando tumbos por el mapamundi donde exista una buena historia, mas que una noticia para contar; Jon Lee Anderson lo dejó en claro durante un taller que dio en Cartagena de Indias, Colombia, en el 2002, en el que señaló que las noticias dejan de tener trascendencia y “objetivizan” al ser humano mientras las historias rescatan el valor de las personas. Bajo esa mirada se puede escudriñar el alma de los avasallados, pero también de los tiranos descritos por él, como Gaddaffi, cuyo descenso describió no sólo por medio del relato del derrumbamiento de un dictador, sino del desmoronamiento del imperio narrando la destrucción de los aposentos del libio; o la personalidad de  George Taylor, el ex dictador de Liberia, en cuya figura vio la maldad extrema, al punto de escribir en la excelsa revista peruana Etiqueta Negra  que si alguien tenía la molestia de fulminarlo de una vez, se salvarían miles de vidas.

Juan Villoro comentó que el periodista maneja el español con la inquietante pericia de los agentes dobles, como un personaje de alguna novela de Graham Greene , uno de los autores favoritos del reportero. Jon Lee escribe muy bien las malas noticias. Sus viajes son su territorio, ha cruzado el atlántico varias veces este año y estará en estas latitudes de nuevo, para el Encuentro Internacional de Periodistas del 28 de noviembre al 1 de diciembre que organiza la Dirección General de Medios de la UdeG y en el que ya participó en el 2009. En esta ocasión trae un nuevo libro bajo el brazo: “La Herencia Colonial y otras maldiciones” y participará en la mesa “Cronistas bajo fuego, cómo contar historias en medio de la guerra” junto a su colega del New Yorker, Bill Finnegan y el escritor y periodista Francisco Goldman, además de presentar los libros de algunos colegas.

 El reportero que no desaprovecha ningún instante para investigar, llegará a Guadalajara a compartir sus experiencias… a menos que en algún rincón del mundo estalle una nueva guerra que atestiguar, pues como dijo Graham Greene: el peligro es el gran remedio para el aburrimiento.

 

 

jueves, 13 de septiembre de 2012

39



Acuden hoy mis treinta y nueve años
para exigirme que los recuerde a todos.

Cuánto me conocen:
han sabido de mí toda la vida.

Algunos me reclaman
por haberlos gastado inutilmente

Otros piensan
que exageré en aquellas cosas tristes.

Los más habrían querido no escribir
consumirse en canciones.

Sin embargo, esperan reunidos en la mesa
que yo vuelva con un trago para todos.

Porque si alguno falta no seríamos lo mismo
nos prometemos seguir juntos.

Y decir ¡Salud!



Adaptación de un poema de Eduardo Langagne

viernes, 7 de septiembre de 2012

Maestro de los moneros

Me solicitaron amablemente que escribiera algo sobre el libro que presentó Milenio Jalisco sobre el caricaturista Manuel Falcón, a quien a pesar de no tener mucho tiempo de conocerlo le he tomado una gran estimación, cariiiiiiño y admiración. Esto me salió: un retrato tan fino y preciso como la foto que nos tomó Rich Boy saliendo de uno de los tantos programas de El Acordeón.


El monero bajo la lupa




El mote de “hijo adoptivo” que se lo pongan los políticos (que tanto les gusta usar ese término) Manuel Falcón Morales es un personaje que forma ya parte del anecdotario de la historia de la noble y leal ciudad y de este estado que ha sido diseccionado bajo la singular visión de uno de los mejores caricaturistas políticos del país. No es adoptado, Manuel renació aquí. Es tan tapatío como un tejuino de la Capilla de Jesús o un Picón del centro.

“Se los dije. Interiores de Manuel Falcón” (Milenio, 2012) es una buena aproximación al personaje a través de su propia memoria y las voces de amigos y damnificados de la grilla que han sido blanco de su trazo correcto y despiadado sentido del humor. Falcón se pitorrea de los andamiajes políticos porque conoce y reinterpreta a todos los changos que cuelgan en las tramoyas y sus diferentes mecates. Sus cartones son atinados doblemente: primero porque provocan carcajadas y segundo, y mas importante, por que desnudan realidades. A veces es suficiente con mirar el rectángulo de 18x13 que aparece en la página 3 de Milenio Jalisco para entender toda una circunstancia política que está ocurriendo. No han sido pocas las veces que la “exclusiva” se la ha llevado Falcón.

Si para entender la forma hay que analizar el fondo, la publicación del libro escrito por el periodista Carlos Rosas permite sumergirse un rato en los orígenes del monero que dieron impulso al origen del mono… pintado. Rebelde sin causas ajenas, Manuel Falcón arrancó su carrera desde el momento en que supo cómo agarrar un lápiz para dibujar. El niño que garabateaba en un cuaderno en realidad anticipaba profecías de una trayectoria que será considerada brillante. La influencia de las caricaturas y los programas estadounidenses vistos y escuchados en su idioma original por el niño Falcón cautivado desde este lado de la frontera en su natal Nuevo Laredo, Tamaulipas, le fueron enseñando el ritmo y la cadencia que tanto le servirían después para contar historias. Influencia no mata destino, ni gustos, la técnica de Falcón pudo comenzar bajo el embrujo de las Silly Symphonies, pero los orígenes del humor corrosivo y desmadroso parecen mas emparentados con los Looney Tunes. Falcón le debe más a Groucho Marx y el Pato Lucas que a Mickey Mouse y Harold Lloyd.

De manera atinada, Carlos Rosas nos sumerge en el universo falconiano para mostrar los antecedentes del monero, parte de la historia personal y familiar, que obviamente, fueron determinantes en la personalidad del caricaturista del otrora bigote poblado, los lentes que nunca fallan y el Bugs Bunny en la solapa. El ventaneo genealógico sirve pues, como contexto para tratar de entender (sólo tratar) a un tipo que como misterio metafísico, nunca podremos comprender del todo aunque su personalidad nos siga fascinando, casi un acto de fe. El análisis freudiano ya lo hace él por medio de su blog y en sus soliloquios de El Acordeón. A nosotros nos toca y nos basta con el despliegue del talento a través de sus cartones, sonoras trompetillas a la clase política jalisquilla-nacional y al mismo tiempo radiografía de la grilla de altas y bajas esferas.

En el libro, en el que hay que aclarar, no tuvo nada que ver en su producción y comercialización, el homenajeado esboza parte del éxito para la disección de especímenes de todos los pelajes y colores: la conversación que afloja las lenguas y las desconfianzas en medio de las ensaladas, el diálogo cafetero en el que el grillo oculta sus razones y expone sus estrategias. Falcón sabe el ABC de la política porque primero decodificó el genoma del grillo y evitar juzgar, siempre tratar de entender, nunca exhibir la vida personal. Algún día, Manuel me contó que el imponente Javier García Paniagua le dijo que a diferencia de los caricaturistas capitalinos, él era alguien con quien se podía platicar. Falcón se convirtió en alguien que termina transfigurando las palabras en líneas de tinta china.

Así, Manuel Falcón disecciona la realidad política con filo de bisturí y precisión de misil teledirigido. Su estilo no es el de los dibujos de tipos con trajes finos y labia rebuscada. Nos hace reír porque nos enseña los paños menores de la grilla de postín con métodos charros, el cachondeo y el rico vacilón del oficialismo con tonos de mariachi y el festín chapucero del legislador vago y trácala. Los rituales del caos de la prendedera de incienso a las autoridades en turno son ridiculizados por un monero al que todos temen, respetan y en una de esas hasta estiman en la misma magnitud. Al fin de cuentas su firma alcanzó ya la figura del termómetro público. Todavía no eres relevante si no te ha dibujado Falcón.

Milenio lo homenajeó acomodando, haiga sido como haiga sido, un texto en 96 páginas lo que provocó que la publicación parezca una estrategia mercadológica para promover lupas, hay historietas que no hay modo de leer si no se tiene vista de relojero. Aún así, quizá todo es una alegoría al homenajeado: escudriñar, ver entre líneas y fijarse siempre en la letra chiquita. Los cartones de Falcón muestran monos que siempre tienen diferentes lecturas, incluso algunas que no se ven a simple vista.

¡Ah, los benditos editores!



La mayoría, sino es que todos los que nos hemos dedicado al periodismo hemos sufrido los embates inmisericordes de algún editor que considera que lo que tenemos para contar tiene demasiadas palabras. No voy a ponerme aquí a despotricar sobre la difícil e ingrata tarea de la edicion, donde los responsables sufren el síndrome del cuetero, hagan lo que hagan, por lo general alguien se los va a reclamar.

Sin embargo, hay veces que los cortes duelen mas que otras. Como la ocasión en que me mandaron a la Cruz de Huanacaxtle al día siguiente de una espectacular corretiza entre narcos y militares con granadazos y hartos casquillos de por medio. El planteamiento fue que escribiera una crónica sobre un destino turístico luego del impacto de un enfrentamiento. Fui, estuve unas horas hasta que me corrieron del pueblo (esa es otra historia) y me senté a escribir. Lo primero que leerán es lo que salió de mi ronco pecho luego de que me dijeron que siempre iba a ir el texto de la mitad de lo que me habían dicho al principio. Lo edité y lo mandé, luego
Mas abajo encontrarán lo que fue publicado. Como dice el gringo: No Comments.


En la Cruz de Huanacaxtle las calles huelen a sal y a miedo.

Los vecinos de las calles de Camarón y Marlin, donde cayó abatido uno de los pistoleros que se enfrentó el jueves contra miembros del ejército aseguran que por más que refregaron la banqueta aún se puede oler la sangre que en abundancia pintó el cemento de un rojo oscuro.

Los pobladores que subsisten de la pesca y el turismo están temerosos, no solo de los narcotraficantes que agarraron el poblado como base de operaciones, también se preocupan porque la violencia les espante a los visitantes que llegan a las playas de la zona.

La versión de las autoridades indica que murió uno de los sicarios y cuatro militares resultaron heridos durante el enfrentamiento, mientras los otros tres sospechosos fueron arrestados. Los rumores en las calles hablan de otros cinco maleantes caídos en otra balacera a las afueras del poblado, pero no saben decir dónde.

“No vaya para la Cruz ahorita, no le conviene”, dice un taxista en Bucerías.

“El pueblo está caliente y no por el solazo”, agrega.

Si el jueves el pequeño poblado rebosaba de militares y policías, ayer parecía como si hubiera un toque de queda a mediodía. Un calor húmedo de 34 grados centígrados empapa las camisetas de sudor y adormece la actividad por las calles. A los habitantes de la Cruz les ha tocado ya padecer el calvario de la desconfianza hasta con sus vecinos de toda la vida.

El retén militar colcado sobre la carretera a Vallarta en el cruce con el poblado sigue funcionando aunque se observan sólo unos pocos soldados, en las calles ya no se detecta la presencia del Ejército.

Enclavado en una zona de alto potencial turístico, los lugareños ven cómo a unos centenares de metros de sus calles sin pavimentar se levantan colosos de cinco estrellas con vista al mar, con letreros que anuncian los precios en dólares y las bondades del clima en inglés. Deportistas y funcionarios compran casas en el área mientras en los suburbios, ahí donde los focos fundidos del alumbrado público no han sido cambiados, el narcomenudeo crece y nuevos y peligrosos inquilinos llegan y no precisamente a hacer turismo.

Ahí, a unos pasos de esos paraísos artificiosos, los gatilleros atacaron con armas de grueso calibre y una granada de fragmentación a los militares. El muerto, identificado como Silverio del Ángel Federico, de Ciudad Camargo, Tamaulipas, cayó con un tiro de un fusil G-3 incrustrado en el pecho, frente a dos frondosos Huanacaxtles que adornan un costado de la placita principal. Los vecinos escucharon las ráfagas, se alejaron de las ventanas mientras tronaron los balazos, para luego asomarse a ver qué había pasado.

“Se dieron duro, como si estuviéramos en guerra, pero ya sabíamos que un día algo así iba a pasar”, dice un lugareño con una mueca pintada en el rostro.

En la Playa La Manzanilla, muchos turistas no saben qué ha pasado y los meseros guardan un prudente silencio para no espantar a la clientela. “Fue una balacerita nomás”, dice uno de ellos.

Y es que el miedo a quedarse sin trabajo es mayor que el temor a las balas perdidas



Temen pérdidas en turismo
Mural

 
(23-Ago-2008).-



MURAL / Staff


LA CRUZ DE HUANACAXTLE, Nay.- Los vecinos de las calles de Camarón y Marlin, donde cayó abatido uno de los pistoleros que se enfrentó el jueves contra el Ejército, aseguran que por más que limpiaron la banqueta, aún se puede oler la sangre que pintó el cemento de un rojo oscuro.

Los pobladores que subsisten de la pesca y el turismo están temerosos, no sólo de los narcotraficantes que tomaron el poblado como base de operaciones, también se preocupan porque la violencia les espante a los visitantes que llegan a las playas de la zona.


"No vaya para la Cruz ahorita, no le conviene", dice un taxista en Bucerías.


"El pueblo está caliente y no por el solazo", agrega.


Si el jueves el pequeño poblado rebosaba de militares y policías, ayer parecía como si hubiera un toque de queda a mediodía.

El muerto del jueves, identificado como Silverio del Ángel Federico, de Ciudad Camargo, Tamaulipas, cayó con un tiro de fusil G-3 incrustado en el pecho, frente a dos frondosos huanacaxtles que adornan un costado de la plaza principal.

"Se dieron duro, como si estuviéramos en guerra, pero ya sabíamos que un día algo así iba a pasar", dice un lugareño.

sábado, 31 de marzo de 2012

Los malditos celos

¡Un antídoto contra la gran epidemia!, por favor Publicado originalmente en la revista Domingo de El Universal, un texto acerca de lo peligrosos e insoportables que pueden ser los celos. Espero les guste.
Julieta y Fernando se querían, cómo se querían, hasta que apareció el fantasma de la desconfianza. Comenzaron las prohibiciones: ella no podría salir con sus compañeros y él evitaría estar cerca de sus amigas. Sus obsesiones apagaron la llama roja del amor. Los terapeutas de pareja dicen que hay que tenerlo claro: los celos no son un sentimiento, son sólo una idea, una imaginación difícil de controlar que requiere ser atendida por un especialista Lo dicen las canciones, lo cuenta la literatura como un drama, lo define la RAE: "Celoso" es la sospecha de que la persona amada mude su cariño, ¿tú lo eres? Por José Alonso Torres domingo, 12 de febrero de 2012 00:31 Julieta era una de la chicas más deseadas de la universidad. A sus 23 años no había estudiante o maestro que no volteara a ver su derrièrevde corazón invertido cada que andaba por los pasillos. Su cabellera negra y ondulante hacía volar la imaginación de los muchachos más guapos, como Fernando, el chico rubio de anteojos, un estudiante de Medicina que enloquecía a más de una. Pero Julieta no era sólo una escultura de mujer, sino que también tenía fama de simpática, amable y generosa. No había actividad de ayuda social en que no se involucrara. Si había que reunir despensas para enviarlas a los damnificados de algún huracán, ella y sus jeans ajustados aparecía en primera fila. Si había que organizar un foro en el que se pretendía invitar a los candidatos a la alcaldía de Guadalajara, ella y su blusa entallada llevaban la invitación a los políticos. Fernando, de 24 años, era el deportista modelo de la escuela, divertido en las fiestas, popular, carismático, amigable. Fernando y Julieta fueron grandes amigos durante un par de años. Él le contaba de sus ligues, sueños y temores, ella le compartía sus secretos más íntimos. Todo cambió cuando la guapa se quedó sin novio. Un ingrato la dejó y Fernando comenzó a coquetearle hasta que ella le dio el sí. Parecían la pareja ideal, eran la envidia de muchas y muchos en la universidad. Eran el alma de las fiestas, hasta que comenzaron a surgir los celos, los malditos celos. “Me cela porque me quiere”, solía decir Julieta. Muchas parejas de celosos han dicho lo mismo a lo largo de historia de la humanidad.
Los celos son tan comunes en las relaciones de pareja que han terminado enquistándose en la vida común de las civilizaciones, son protagonistas frecuentes en la literatura y otras artes. Las tragedias estampadas en grandes obras literarias llevan impresas los síntomas de los celos, incluso se le llegó a conocer como “La enfermedad de Otelo”, por el personaje de la obra de William Shakespeare cuyo declive fue provocado por una desconfianza enfermiza estimulada por las intrigas. En El Caballero de Olmedo, obra de Lope de Vega, uno de los personajes describe los celos: “Son celos, Don Rodrigo, una quimera que se forma de envidia, viento y sombra, con que lo cierto imaginado altera, una fantasma que de noche asombra, un pensamiento que a locura inclina, y una mentira que verdad se nombra”. El español escribió lo anterior en 1620. Las mismas ideas, pero con menos poesía podrían ser hoy firmadas por cualquier psicoanalista. Fernando fue el hombro en el que Julieta lloró las tristezas de una relación rota, lo que le permitió conocer los miedos y los anhelos de la guapa de la universidad. Él estuvo ahí para apoyarla y se ganó su confianza. De repente ya se les veía tomados de la mano. El romanticismo no debería dar cabida a los celos y a la desconfianza de generación espontánea, ya que éstos, contrario a lo que muchos creen, no son sentimientos, sino ideas, argumenta el psicólogo Eduardo Baltazar Arias, miembro de la Federación Nacional de Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos de México y maestro de la Universidad de Guadalajara. “Los celos no se sienten, se piensan; los celos son ideas, la inseguridad, el pensar si mi pareja puede estar con alguien más o incluso aunque no esté con alguien más, si a lo mejor quisiera estar con alguien más. Los celos son ideas y por eso menciono que no se sienten los celos, se siente la angustia, esos pensamientos nos generan angustia y entonces es cuando la gente erróneamente dice: ‘es que siento celos’”, me explica detalladamente el especialista.
Baltazar, quien lleva más de doce años dando terapia de pareja y ha dado conferencias sobre el flagelo de la desconfianza en diversas ciudades del país, dice que más del 60 por ciento de los problemas de pareja tienen que ver con los celos. EL MIEDO A LA PÉRDIDA Poco a poco, Fernando comenzó a mostrarse celoso, en cada compañero, en cada maestro que saludaba a su bella novia veía un potencial adversario que intentaría arrebatarle a su amada. Un día vio a Julieta platicando con su ex en un pasillo y su cabeza comenzó a llenarse de humo, a generar ideas y pensamientos de conspiración y traiciones, y le recriminó: “¿Por qué platicas con él? Seguramente quiere volver contigo, o ¿eres tú quien quiere volver a salir con él? ¡Dímelo!”, le exigió sin darle oportunidad de contestar. En el fondo, los celos no son la preocupación por cuidar a quien decimos amar. Es el miedo a perder aquello que creemos que nos pertenece. La desconfianza, como un tumor, crece y da paso a la paranoia. La falta de autoestima nos hace pensar que la persona con la que estamos desea “estar” con otra, que muchas veces sólo existen en nuestra imaginación. La angustia se apoderaba de Fernando: si Julieta salía a tomarse un café o una cerveza con sus compañeros de la universidad, era porque alguno de ellos le gustaba. El día en que su novia fue elegida como líder estudiantil, él explotó porque hubo uno que la abrazó muy fuerte durante el festejo. “No quiero que le hables a ese”. “No quiero que salgas en la noche con tus amigos”. Julieta no sólo obedeció las órdenes sino que contraatacó: “Pues entonces no quiero que tú hables con esas amigas coquetas que tienes, ¿qué no te basta conmigo?”. Semana tras semana había una nueva prohibición. María de la Luz Guerrero, especialista en terapia Gestalt, cuenta que los celos compulsivos, conocidos bajo el término “celotipia”, deben ser tratados con terapia psicológica e incluso, en ocasiones, el proceso debe incluir el consumo de fármacos recetados. “Es un sentimiento que carcome el alma, que llega desde abajo, desde adentro, y destruye a la persona desde el interior del organismo y entonces todo lo que pienso es real hasta que no se demuestre lo contrario, y aun cuando se lo demuestren, sigue pensando que es real”. La especialista que tiene su consultorio desde hace quince años, me cuenta que nueve de cada diez parejas acuden a terapia manifestando algún problema de celos. “Llegan en una situación muy complicada, muchas veces donde ya hubo violencia, golpes, agresiones y, además, con una gran codependencia”. El celoso comienza a tejer telarañas en su subconsciente y a ponerle “trampas” a su pareja. Inventa escenarios y situaciones, y si no logra conseguir el objetivo de atrapar a su pareja “con las manos en la masa” (o en el prójimo), en lugar de abandonar la idea de la infidelidad prefiere creer que los amantes furtivos son tan inteligentes que han descubierto de antemano los planes del celoso, por lo que hay que ser más astuto, más estratega, ya que las traiciones se incuban en la profundidad de las pasiones humanas. “Me tocó trabajar con una pareja en la que incluso la persona después de varias sesiones le decía: ‘OK, quiero que me disculpes, estoy completamente convencido de que no me eres infiel, ahora ya lo entiendo; nada más tengo una situación que quiero que admitas, yo ya admití que no me eres infiel; ahora tú admite que sí has querido serlo’. Se llega ese nivel de celos”, dice Baltazar Arias, quien está por concluir su maestría en Terapia de Pareja. Fueron perdiendo contacto con sus amistades, pero en Fernando las sospechas, el miedo y el coraje, en lugar de desaparecer, fueron buscando nuevos resquicios en su personalidad para salir a la superficie. “¡Mira cómo te ven esos cabrones!, claro, ¡con esas minifaldas que usas!, no vas a volver a usar esas blusas escotadas ni esos pantaloncitos pegaditos de piruja. De ahora en adelante no quiero que me faltes al respeto exhibiéndote con todo mundo”. Julieta cambió su forma de vestir. Comenzó a usar blusas de manga y cuello largos, los jeans ajustados le dieron paso a los pantalones de vestir holgados, de faldas ya ni hablar. A Fernando también se le alejaron los amigos, ya no tenía tiempo para ellos, todo estaba reservado para ella, no fuera a ser que en una descuidada lo traicionaran.
LA AMÓ, LA CELÓ, LA MATÓ La desconfianza en la pareja es una característica que aparece en todos los países y en todas las épocas, sin embargo, en México, la aparición de los celos va atada a una cultura machista que fomenta la “vigilancia” de la mujer. Y esa conducta, muchas veces, termina en tragedia. Mas común de lo que se piensa, más cercano de lo que se cree, las historias de agresividad suceden en cualquier ciudad, en cualquier estrato social. Son historias que muchas veces aparecen consignadas en los medios de comunicación, como notas que se pierden en el mar de la información: “Un hombre asesinó a cuchilladas al amigo de su ex esposa, a quien también hirió de gravedad, y luego se suicidó” (8 de enero de 2012); “Mujer asesina a su marido por celos, le encontró mensajes en el celular” (21 de septiembre 2011); “Un sujeto mató a dos de los abogados que llevaban su caso de divorcio al creer que uno de ellos mantenía una relación sentimental con su ex esposa” (27 de mayo 2011); “Ataca astronauta del Discovery a compañera por celos”.(5 de febrero de 2007). Todas estas notas fueron publicadas en EL UNIVERSAL. ¿Debería asombrarnos que los celos aparezcan más en las secciones de nota roja que en los suplementos de salud y orientación sentimental? “La amó, la celó, la mató” es una noticia más cotidiana de lo que advertimos. “Hay algunos celos que hacen perder los estribos de las personas, el control de sus impulsos y se vuelven muy violentos, dejan de ir a trabajar, dejan de ir a la escuela; y hay otro tipos de celos que son ‘celos psicóticos’, donde la persona ya tiene delirios; el delirio ya es más complicado de trabajar que la neurosis”, dice Baltazar Arias. Las estadísticas son números fríos que pueden aparecer en diferentes partes sin ninguna relación aparente, como islas de realidades ajenas; así, uno puede leer que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal reveló que en el 2009 los crímenes pasionales ocuparon el segundo lugar de homicidios violentos en la ciudad de México, mientras que en otra publicación se lee que el Instituto Mexicano de la Juventud dio a conocer que el 70 por ciento de los jóvenes mexicanos experimentan violencia en el noviazgo. ¿En cuántos de estos casos el común denominador serán los celos? En un entorno en que la mujer sigue luchando por la equidad de género, en la igualdad de circunstancias, derechos y condiciones, los machos y los inseguros (quienes frecuentemente son los mismos) encuentran en estas características el fertilizante ideal para fomentar su desconfianza. Pero, ¿qué tan celosos somos los mexicanos? Parece que mucho, pero no nos gusta aceptarlo. Una encuesta realizada por Consulta Mitofsky en el 2010, titulada “El mexicano y los celos”, muestra que el 61 por ciento de los entrevistados se dijo muy poco celoso, mientras que el 20 por ciento se asimila como muy celoso, aunque 3 de cada 10 de este porcentaje indican que sus celos significan “interés por la pareja”. Otra vez el argumento hilarante: tengo celos porque te amo, porque me importas. El panorama se ensombrece cuando la violencia recibe ayuda oficial. De acuerdo con el documento “Homicidio en razón de honor”, realizado por el Instituto Nacional de las Mujeres, en el país, los códigos penales de al menos 10 estados contienen atenuantes para algunos homicidios. Todos por razones que tienen que ver con el honor. Los estados que prevén esta circunstancia en sus códigos penales son Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Jalisco, Michoacán, Quintana Roo, San Luis Potosí, Yucatán y Zacatecas. En pocas palabras, estas entidades prevén atenuantes en homicidios si alguien encuentra a su pareja en un acto sexual o en uno próximo a él, por lo que, de acuerdo con expertos, estos argumentos resultan aberrantes, le dejan la puerta abierta a la interpretación de la conducta más que al hecho delictivo en sí, pues basta con que el asesino exponga de manera verbal que encontró a su pareja cerca de un hotel, y que sospechó infidelidad, para intentar evadir la justicia. Con argumentos que parecen coplas de una canción de misóginos adoloridos, Campeche y Quintana Roo le dan más rienda suelta a la sospecha y protegen la paranoia, pues estipulan, el primero, que “son circunstancias atenuantes obrar por causas o estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación y otro estado pasional de entidad semejantes”; mientras que el segundo señala que la atenuante se aplica “al que prive de la vida a otro encontrándose en estado de emoción violenta, motivado por alguna ofensa grave a sus sentimientos afectivos o al honor de sus padres, hijos, cónyuge o al suyo propio que las circunstancias hicieren excusables”. “¿Quién te habló, qué quiere?, enséñame el teléfono”, era uno de los reclamos frecuentes de Fernando. “Mejor nos quedamos en casa, ¿a qué quieres ir a la plaza?, de seguro quieres ver a otras mujeres”, solía decir Julieta. Llevaban un año de noviazgo. La mayor parte del tiempo se la pasaban discutiendo, peleándose, chantajeándose y amenazándose uno al otro. Fernando le recriminaba sus relaciones del pasado, usaba sus confidencias para agredirla sicológicamente, humillándola para que ni siquiera se le ocurriera pensar en dejarlo, porque él estaba completamente seguro de que Julieta lo estaba traicionando, a pesar de que ya ni se peinaba ni se arreglaba, a pesar de que abandonaron todas las actividades en las que estuvieron tan entusiasmados. Cerraron sus perfiles de redes sociales y casi no salían a reuniones. La otrora pareja ideal en las fiestas escolares dejó de bailar. LOS CIBERCUERNOS Si bien tradicionalmente fueron provocados, estimulados y alimentados por las voces insidiosas, los chismes de lavadero y el mitote tradicional de la reunión en turno, veneno que corre de boca en boca o la ponzoña de la autosugestión, ahora los celos han encontrado nuevos estimulantes para seguir provocando pasiones arrebatadas, enojos y dolores de cabeza a los amantes atormentados por la inseguridad que los hace sentirse parte de tragedias griegas. La tecnología también ha puesto su granito de arena para que los celos entraran triunfantes al siglo XXI. El rumor adoptó las plataformas de las redes sociales y el Facebook transmutó en la Celestina vanguardista que reúne amistades olvidadas y revive amoríos nostálgicos, pero también derrumba relaciones aparentemente consolidadas. Pedirle a la pareja “una prueba de amor” ahora consiste en preguntarle sus contraseñas del e-mail y del “feis”. En México existen 25.6 millones de usuarios de Facebook y más de 4 millones de cuentas de Twitter. Todavía no se han realizado investigaciones acerca de la influencia de estas redes en la desunión de las parejas, pero son conversación cotidiana las anécdotas de apasionados pleitos que traspasaron las fronteras de internet para instalarse en el mundo real a causa de una foto incómoda o comprometedora o comentarios subidos a algún perfil, (“¡le diste “Me gusta” a tu ex!), pero en Estados Unidos, donde hay 149 millones de cuentas de Facebook, algunos estudios de las redes parecen colgarles ya la etiqueta de alcahuetes virtuales. Al estadounidense Ken Savage, trabajador en el área de la computación le bastó rastrear algunas conversaciones y mensajes en la red social para darse cuenta de que su mujer lo estaba traicionando y, a través de su cuenta, descubrió que una aparente fiesta infantil terminó en un encuentro sexual en la cama de un motel. ¿El resultado? Su esposa se convirtió en ex y él abrió la página: www.facebookcheating.com que rápidamente mutó a un muro de lamentaciones para los cornudos y los celosos. Un mausoleo de relaciones rotas navegando en el ciberespacio y un manual geek del “sospechosismo” ilustrado. Aún más, en el 2010 la Academia Americana de Abogados Matrimoniales (AAML por sus siglas en inglés) reconoció el incremento en el uso de evidencias provenientes de las redes sociales en sus casos de divorcios en los últimos 5 años. Facebook es la fuente primaria de evidencia con el 66 por ciento; My Space le sigue con el 14 por ciento y Twitter con el 5 por ciento, el restante se reparte entre otras redes sociales. Con mas de 1,600 miembros, la AAML informó ese mismo año que más del 80 por ciento de sus agremiados han buscado o usado información de las redes sociales para documentar sus casos. También en el año 2010, la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, determinó mediante una encuesta a sus estudiantes que Facebook es un mecanismo que incrementa los celos y los pleitos entre las parejas.
“Tuve un caso de una pareja en que el hombre era muy ‘baquetón’, entonces ella se daba cuenta y aguantaba, pero un día le quiso poner el cuerno para ver qué se sentía, y el otro se dio cuenta por Facebook y terminó casi matándola con un cuchillo en el cuello. Luego se dio cuenta quién era el ‘otro’ y era un chavito cualquiera”, cuenta la terapeuta María de la Luz Guerrero. El escritor francés Marcel Proust escribió en el siglo XIX que sólo se ama lo que no se posee totalmente. La actualidad lo contradice. Los celos son provocados por la falsa sensación de que la pareja es una propiedad única e indivisible para cualquier otro tipo de relación afectiva. La desconfianza es la infección viral que agota el sistema inmunológico de la pasión y la confianza que podrían haber abonado en el desarrollo de una relación fructífera, feliz y duradera. Alejada de los problemas y el estrés que ya genera la vida cotidiana allá afuera del circulo de la intimidad. Como reza el dicho: es tan poco el amor… ¡y gastarlo en celos! Dos años después del arranque de un noviazgo de ensueño, Julieta y Fernando llegaron al consultorio del terapeuta, pero el daño ya era demasiado grande. No querían ningún tipo de ayuda para recomponer la relación, buscaban siempre un testigo para acusarse mutuamente de su fracaso. Heridos y humillados, la popularidad y la belleza quedaron sepultadas por la baja autoestima y el dolor que se causaron. Se confrontaron por última vez en el consultorio del psicólogo. Y sin decirse adiós, cada quien tomó su camino. Solos. JOSÉ ALONSO TORRES es un periodista que transitó del periodismo cultural a los vaivenes de la nota diaria, el reportaje y la crónica en medios tapatíos. Actualmente es director de Información de radio y televisión de la Universidad de Guadalajara. Lo han correteado novias celosas, pero escribió esto gracias a que no lo alcanzaron

Bloqueo narco en Guadalajara

Originalmente publicado por Cosecha Roja este texto pretende echar un vistazo a lo que aconteció en Guadalajara tras la detención de Erik Valencia, "El 85". Uno de los líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación.






12/03/2012 9:471
Por José Alonso Torres desde Guadalajara, México – Cosecha Roja.

La espesa nube de humo que se elevaba en la zona centro de Guadalajara, la capital de Jalisco, poco después de las 14:00 horas del viernes pasado parecía un incendio, como si ardiera una casa. Pero cuando en el horizonte comenzaron a brotar nuevas columnas negras en otros puntos de la zona metropolitana invadió la certeza de que algo andaba mal. El miedo creció proporcionalmente al ruido de patrullas, ambulancias y carros de bomberos que cruzaban las calles en todas direcciones.

El temor tiene un gran aliado en la desinformación y ésta termina destruyendo la confianza. Hasta hace un par de años, Guadalajara, conocida como la Perla de Occidente, se consideraba un oasis aislado del clima de violencia e inseguridad que abatía a otros estados de México. Incluso en la década de los 80, se convirtió en una ciudad a la que los grandes capos mandaban a su familia a vivir por considerarla un territorio neutral.

El viernes, con los helicópteros de las fuerzas policíacas recorriendo el cielo tapatío en trayectorias frenéticas sobre las hogueras de metal y hule, pocos estaban enterados de que la historia en realidad había comenzado una hora y media antes cuando miembros del Ejército Mexicano ejecutaron una operación armada para capturar a líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Lomas Altas, una colonia de la ciudad en donde soldados y delincuentes se habían atacado con armas de grueso calibre y granadas. La reacción de los subordinados fue furiosa, pero bien orquestada.

El primer camión fue incendiado en la Avenida Enrique Díaz de León y Avenida de los Maestros aproximadamente a las 14:00 horas, unos minutos después, a 24 cuadras de ahí, a un minibús de la ruta 625 que circulaba por Miguel Blanco y Rayón le prendían fuego; poco a poco empezaron a reportarse nuevos incidentes en varias zonas y carreteras de la mancha urbana y el interior del estado; el modus operandi era el mismo: grupos de hombres armados paraban los automotores, bajaban a los tripulantes y arrojaban bolsas de plástico llenas de combustible para encender los vehículos. ¿Las autoridades? permanecían calladas, ni un solo dato que tranquilizara, ni una sola voz oficial que llamara a la calma. A Jade Ramírez una reportera de Radio Universidad de Guadalajara un tipo vestido con uniforme negro le arrebató su celular en plena transmisión en directo. Los reporteros se lanzaron a la calle sin saber qué estaba pasando.

Si las autoridades presumían una capacidad de respuesta organizada, los criminales habían dejado claro su nivel de organización rápida y eficiente. Al tratar de apagar un tráiler incendiado en la carretera hacia el Aeropuerto los bomberos se quedaron sin agua.

A las 15:00 horas ya estaban envueltas en llamas varias unidades del transporte público y vehículos particulares cuando de manera extraoficial trascendió que dos pesos completos del cártel habían sido capturados y surgieron los nombres de Erick Valencia Salazar, alias el “85”y su
lugarteniente Otoniel Mendoza, alias “Tony Montana”. Los responsables federales y estatales de la seguridad callaban.

De manera oficial se reportaron 16 narcobloqueos, 11 de ellos en la capital del estado y 25 vehículos incendiados en todo Jalisco, provocando caos vial y casos de histeria ante una situación donde reinaba la incertidumbre. Las autoridades estatales y de la federación permanecieron herméticas y la información oficial fluyó a cuentagotas en un par de ayuntamientos. Las especulaciones y los rumores llenaron los vacíos de información con leyendas urbanas y vaticinio de tragedias por venir, los números de emergencia comenzaron a recibir llamadas falsas.

La contingencia tomó por sorpresa a una población acostumbrada a pensar que los tiroteos en las calles, el incendio de automotores y los fuertes despliegues de fuerzas armadas sólo ocurrían en las ciudades conflictivas del norte del país donde los grandes cárteles de la droga tienen asentados sus dominios. El ulular de las patrullas se amplificó por instinto preventivo, no por costumbre de escucharlas con tanta frecuencia.

Erick Valencia Salazar, conocido como “El85”es identificado como uno de los líderes del cártel que tomó fuerza con la caída de Ignacio “Nacho” Coronel, representante en la plaza de Guadalajara del Cártel de Sinaloa y quien fue abatido por los militares en el 2010. El 85 fue uno de los miembros del Cártel del Milenio pero abandonó las filas de la organización junto con
Nemesio Oseguera, alias “El Mencho” para sumarse al nuevo grupo. Al principio estuvieron bajo el cobijo de Nacho Coronel, al morir él, ellos asumieron el control del cartel.

El CJNG no sólo adquirió celebridad por sus operaciones de tráfico de drogas, su existencia tomó fama cuando a través de videos subidos a YouTube y en narcomantas se promulgaron como los “Matazetas”, declarándole la guerra a los Zetas, el grupo del crimen organizado más sanguinario de México. En octubre del año pasado, el CJNG se atribuyó el escándalo de los 35 cadáveres tirados en una vía pública en Veracruz y la acusación de que los muertos eran colaboradores de los zetas. La respuesta llegó un mes después cuando en la madrugada aparecieron bajo los Arcos del Milenio, un inacabado monumento en Guadalajara, 26 cuerpos amontonados en 3 vehículos. El macabro “regalo” era un mensaje para el CJNG.

Los reportes de nuevos ataques alimentaban la crisis en la ciudad. Una línea del transporte público anuncio la suspensión del servicio mientras unidades de otras rutas preferían parar o ya no recoger pasajeros. Las redes sociales como twitter y facebook se atiborraron de comentarios, leyendas urbanas, chismes y reportes ciudadanos en los que no se podía determinar su veracidad.

“Se informará una vez pasada la contingencia”, fue el mensaje del Gobernador del Estado, Emilio González Márquez, en su cuenta oficial de Twitter a las 16:09 horas, más de 3 horas después de que iniciaron los enfrentamientos. Cuatro tweets representaron la única respuesta oficial de la máxima autoridad en Jalisco y después, de nuevo el silencio. Se anunció una rueda de prensa a las 18:30 horas en la Casa Jalisco, donde el Gobernador estaba reunido con su gabinete de
seguridad en medio de un fuerte operativo que blindó las calles aledañas con guardias armados y dos helicópteros sobrevolando la zona.

Cuando por fin salió a dar la cara a los medios, el Gobernador dio un mensaje que duró menos de 3 minutos y en el que se limitó a informar lo que la gente ya sabía de antemano por los medios de comunicación. Leyó datos ya conocidos, no aceptó preguntas y se retiró de la sala.

El Gobernador jalisciense no es muy pródigo en dar información referente a la inseguridad. El 1 de febrero del 2011 se registraron en la ciudad 7 bloqueos que fueron atribuidos al cártel La Resistencia ( rivales del CJNG), en esa ocasión convocó a una reunión a los principales directivos de los medios de comunicación para pedirles que minimizaran los hechos para no “alarmar” a los ciudadanos y no afectar la imagen de Guadalajara, que meses después sería la sede de los Juegos Panamericanos.


Las autoridades intentaron negar que personas inocentes fueron afectadas por los narcobloqueos: un hombre que murió calcinado en uno de los incidentes fue señalado como miembro del grupo delincuencial, luego se confirmó que en realidad era el conductor de uno de los autobuses que no alcanzó a escapar de las llamas; el asesinato de una niña de 7 años que cayó por una bala perdida en una balacera ocurrida a cinco cuadras de uno de los bloqueos fue catalogado oficialmente un día después como víctima de un percance “entre particulares”.


A las 22:00 horas del viernes, 16 detenidos fueron presentados en la noche como miembros del grupo delictivo. Este domingo la procuraduría de justicia estatal liberó a 4 de ellos al reconocer que no tenían nada que ver con el crimen organizado, habían sido detenidos de manera arbitraria y los soltaron tras una disculpa.

Alejandro Dumas apuntó que los peligros desconocidos son los que causan más miedo. El daño ya estaba hecho, el temor y la paranoia reventaron el inicio del fin de semana dejando como saldo ausentismo en las escuelas por la tarde y bares y restaurantes semivacíos por la noche. Después
de los embotellamientos por los bloqueos la gente ya no quiso salir de sus casas. La ciudad se quedó callada. La detención de quienes fueron catalogados como importantes delincuentes no abatió la sensación ciudadana de que el riesgo no había desaparecido. En un desierto de inseguridad que cada día se hace más grande en el país, el oasis se transformó en espejismo, por lo menos durante un viernes oscuro.
Fotos: Medios UDG y El Universal

viernes, 30 de marzo de 2012

La niña que no podía respirar, pero no dejaba de sonreir.

A Carolina la conocí cuando ella tenía 14 años de edad y tres meses después de que quedó paralizada a causa de la estupidez de un chofer del transporte público.

El día del accidente, el chofer, que aparentemente iba ebrio, conducía un microbús a exceso de velocidad y se volcó causando la muerte de una amiga de Carolina y heridas a 30 personas, entre ellas la niña amante de las canciones pop quien lo único que recordaba era el crujir de su espina
dorsal y su cuello mientras todo daba vueltas.


Me conmovieron sus ganas de vivir a pesar de todo, su esperanza y sueño de algún día volver a caminar, pero sobre todo, su capacidad de seguir sonriendo. Su sonrisa removía en mí sensaciones extrañas: me hacia reflexionar sobre lo afortunados que somos quienes al tener salud lo tenemos todo y que algo tan cotidiano como ir caminando a la tienda de la esquina, para otra persona puede ser la aspiración mas anhelada. Lo común convertido en lo milagroso.

Hoy murió Carolina por una insuficiencia respiratoria. Sus padres tuvieron que pelear siempre para que los transportistas se hicieran responsables de la negligencia de un chofer
imbécil. Carolina ya nunca se levantó y hoy se envuelve en la eternidad de mi memoria con una sonrisa en los labios.





Sufre Carolina por mal chofer
Mural
(02-Jun-2008).-
La voz se le ha ido, quizás para siempre, y a pesar de ello la sonrisa de la niña, la cual por un accidente del transporte urbano quedó paralizada del cuello hacia abajo, transmite un optimismo que su garganta no puede gritar.

Un silbido agudo y acompasado, como el de un fuelle bombeando con fuerza en una herrería, es el sonido del respirador automatizado que mantiene con vida a Laura Carolina Mendoza Villa.
Sobre la cama 333 del tercer piso de Pediatría del Centro Médico de Occidente, Laura Carolina, de 14 años, desvía la mirada hacia el ventanal desde donde se observa la mancha urbana. Allá afuera hay movimiento y caos, ajetreo del cual ella no volverá a formar parte. Toma fuerza y quiere hablar, una palabra escapa de sus labios y después... el silencio, la respiración se agita por el esfuerzo. Su familia le ve el lado positivo al asunto, cuando llegó, después del accidente del 10 de abril cerca del Cerro del Tesoro, sólo podía mover los ojos.

Recuerda que iba sentada en la parte trasera, junto a la puerta de un minibús de la Ruta 30 que la regresaba a su hogar junto con otros estudiantes. El chofer estaba borracho, le han contado. Ella no recuerda, a su mente únicamente llegan las memorias del mundo de gente y objetos dando vueltas que se le viene encima, gritos y golpes, su cuello cruje por el impacto, después
ya no volvió a sentir nada.

Sonríe y se dice afortunada por seguir en este mundo, su amiga Monserrat, un año mayor que ella no tuvo la misma suerte y falleció a unos centímetros de ella. A Caro, la estudiante de secundaria llena de vida, con 1.77 metros de estatura que le encanta bailar la fatalidad le tenía un
triste diagnóstico: cuadriplejia y respiración motora asistida, con secuelas permanentes que pueden ocasionar su muerte.
Bertha, la enfermera de turno, le presume a Caro su última pieza tejida y le hace bromas. La mamá, Rosa Isela, masajea las piernas de su hija mayor, de manera discreta toma el pie derecho de la niña y lo endereza, pero la extremidad inmediatamente se vuelve a doblar hacia adentro, secuelas de la parálisis.

En el percance hubo 30 heridos, pero la más grave es Caro, aunque el diagnóstico contrasta con su esperanza.

"Al principio no podía comer, no se podía mover nada ni hablar", informa su mamá en un tono que podría sonar triunfalista.

¡Cómo no tener fe, si ahora Caro come, puede decir unas palabras, mueve un poco el hombro derecho y tiene algo de sensibilidad en la planta de los pies. Hay casos en que los detalles más pequeños representan los más grandes milagros.

Con sus sueños de adolescente Caro prefiere pensar en que regresará a la escuela, a los libros que le gusta leer y a cantar las canciones de Belanova que le emocionan. Ni siquiera quiere pensar en el causante de su tragedia, es una chica llena de ilusiones que buscará hacerle frente a la vida
como venga.

Pero sus padres tienen que lidiar con las situaciones que se fugan de la zona de los sueños, el pelito legal con los transportistas sigue.

Los cuidados que deberá tener Caro el resto de su vida incluyen equipo y una enfermera especializada, se calcula que el costo de mantener a Caro con vida sin la asistencia social será de 15 mil pesos diarios.

Pero Caro, desde la inmovilidad abre sus grandes ojos y sigue sonriendo.
Foto tomada del sitio Crónica de Sociales.